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lunes, 31 de octubre de 2022

Retos y perspectivas para el desarrollo de Cartagena

Daniel Toro González

Foro: Planeación territorial, un sueño posible

28 de octubre de 2022

El Universal






Buenos días, muchas gracias por la invitación.


Un saludo especial a todos los panelistas y asistentes.  


Espero que las discusiones e ideas presentadas en este evento sirvan para avanzar en el propósito común que nos reúne, hacer de Cartagena un sueño posible. Espero también con estas reflexiones finales, aportar en algo al logro de este sueño.


Desde las teorías del crecimiento económico formuladas en los años 50 por Paul Samuelson (Nobel de 1970) y especialmente por Robert Solow (Nobel de 1987) y de su evolución, sabemos a grandes rasgos, que el crecimiento económico se fundamenta en tres componentes: capital humano, capital físico y tecnología. Lo que nos han demostrado al menos siete décadas de revisión de estas teorías de crecimiento, es que los tres componentes revisten igual importancia y no es posible lograr avances sustantivos si los tres no se desarrollan de manera equilibrada.  


Capital Humano


No obstante, respecto del fenómeno de crecimiento económico urbano, de acuerdo con Edward Glaeser, Director del programa de investigación urbano del Centro para el Desarrollo Urbano de LSE, el capital humano es de lejos, el factor que mejor explica el éxito de las ciudades. Todas las ciudades exitosas tienen algo en común, para prosperar, deben tener la capacidad de formar, retener y atraer personas inteligentes y permitirles conectarse y trabajar colaborativamente. No existe ninguna ciudad exitosa sin un tejido fuerte de capital humano. 


Si pudiéramos pensar en diseñar una ciudad (o país) ideal, de acuerdo con Angus Deaton (Premio Nobel de Economía en 2015) deberíamos considerar una democracia amplia y participativa, una institucionalidad robusta que provea ley y orden, ausencia de pobreza, una alta expectativa de vida, y buena salud, la mayoría de estos aspectos están claramente relacionados con el capital humano. 


Pensemos entonces si Cartagena de Indias puede asociarse a esta idea o al camino que puede llevarnos a ella. ¿Tenemos los cartageneros las mismas oportunidades de llevar una vida plena independientemente de en qué barrio hayamos nacido? Una forma de medir la igualdad de oportunidades es mirar la relación entre los ingresos de padres e hijos. En una sociedad perfectamente móvil, con igualdad de oportunidades, mis ingresos no deberían depender de los de mi padre, por el contrario, en una sociedad de castas, que es el otro extremo, los trabajos (con sus ingresos) se heredan de una generación a otra. ¿Qué tipo de sociedad tenemos hoy en Cartagena? ¿A cuál nos parecemos más a una sociedad móvil o a una de castas?


En reciente publicación sobre el sector educativo en Colombia publicada por Dejusticia, titulada La Quinta Puerta, los autores Juan Camilo Cárdenas, Leopoldo Ferguson y Mauricio García Villegas cuentan la historia de cómo la educación en Colombia agudiza las desigualdades en lugar de remediarlas. Resaltan que la desigualdad del ingreso implica dos grandes problemas en el sector educativo: por un lado, produce desigualdad de oportunidades de aprendizaje y por el otro, genera segregación social de estudiantes en distintos tipos de colegios. En este aspecto, al menos, el sistema educativo colombiano pareciera llevarnos menos a la movilidad y más a las castas.


Para el caso de Cartagena los resultados de las pruebas Saber 11 son contundentes, de acuerdo con el análisis consolidado por Cartagena Cómo Vamos, de las 14 principales ciudades del país, “Cartagena fue la cuarta ciudad con resultados más bajos en educación”. Adicionalmente, “mientras el total de colegios privados que alcanzaron las categorías (más altas) A+ y A pasaron del 44% en 2019 al 47% en 2021, en los oficiales la proporción disminuyó, del 8% al 3%. El 86% de los colegios oficiales están en las categorías C y D en 2021”. ¿Movilidad social o castas?


Si hay una deuda urgente que debemos saldar como sociedad para lograr una oportunidad, es la de mejorar la calidad de la educación inicial, básica, media y superior.


Tecnología


La tecnología, su desarrollo, difusión y uso, están profundamente vinculadas al capital humano. Sin la tecnología desarrollada en Europa durante el periodo de industrialización entre los siglos XVIII y XIX, la cual permitió el abaratamiento de los costos de transporte y el aumento de la productividad, no hubiera sido posible escapar a la distopía maltusiana. La tecnología hoy permite que la producción de alimentos en el mundo supere la demanda. El gran problema, como lo demostró Amartya Sen en su tesis de grado, es su distribución, la inequidad y la desigualdad.   


En general, es necesario acumular suficiente capital humano para lograr el mejor aprovechamiento de lo que el conocimiento humano hoy ofrece, adoptarlo y adaptarlo. Además, aprovechar la riqueza natural para generar nuevas oportunidades de productos y servicios que ayuden a la generación de empresas formales y productivas.  


La combinación de capital humano, tecnología e inversión puede abrir la puerta a una ciudad con una producción más compleja en el sentido de Ricardo Hausmann. Ningún país ha salido de la pobreza exportando materias primas. El Atlas de complejidad económica de Hausmann nos permite vislumbrar una vía hacia la prosperidad. Debemos y podemos pensar en clave de industrias del futuro, el bienestar, la recreación, la salud, la industria 4.0 y 5.0, los servicios y las industrias en movimiento, sin negar que el turismo, la industria tradicional y los puertos pueden darnos la palanca para dar el paso a sectores de mayor generación de valor agregado. 


Debemos hacer mejor uso de los recursos con los que contamos, optimizarlos y potenciarlos. Echar mano de los Einsteins muertos por un puñal en una pelea de pandillas o de las Marie Curies que han quedado embarazadas siendo niñas. Si no nos conduele la pobreza y la miseria a la que están sujetos miles de cartageneros diariamente, los invito entonces a que pensemos en ellos como potenciales generadores de riqueza y actuemos más rápido en proveerles oportunidades. 



Capital Físico


¿Qué entendemos por capital físico? Son todos los activos que pueden generar producción, entre ellos, las casas, lotes, terrenos o bienes inmuebles localizados en el territorio nacional, los mismos que serán inventariados en el catastro multipropósito. Algunos de estos elementos están incluidos en el Índice de Competitividad de Ciudades (ICC) como el pilar de infraestructura y equipamiento que hace parte de las condiciones habilitantes del territorio. En este ICC Cartagena ocupa un penoso puesto 13 del país, después de Neiva, Ibagué, Armenia y Popayán. 


Debemos pensar en cómo lograr el fortalecimiento de la administración pública, eficiente y efectiva. Que permita avanzar en los proyectos estratégicos de la ciudad. Por encima de las exenciones tributarias, que pueden tener algunos efectos en el corto plazo para atracción, pero no son sostenibles. Estos recursos son necesarios para generar las condiciones asociadas a una vida plena, ni siquiera digna, plena de todos los cartageneros. Pensar una ciudad mejor, para los cartageneros.


Las ciudades pobres son muy similares en cualquier lugar del mundo, pero las ciudades exitosas se diferencian unas de otras, tienen identidad, y aunque Cartagena está casi que inexorablemente amarrada a su pasado y el determinismo histórico ejerce gran peso en nuestras perspectivas de futuro, no necesariamente debemos estar definidos por este. 


Cartagena hace apenas 200 años fue una ciudad abierta al mundo, multilingüe y con estrechos lazos con otras naciones, especialmente de caribe, sin embargo hoy no tenemos siquiera superada la prueba de la comunicación en nuestro idioma oficial.   


Debemos abrazar y celebrar el esfuerzo por avanzar en el catastro multipropósito para la correcta administración del territorio con criterios de sostenibilidad. Debemos avanzar decididamente en el ordenamiento territorial y en su administración. 


En resumen, mejorar la calidad de la educación con oportunidades para todos, propiciar la absorción y adopción tecnológica y administrar mejor los recursos físicos y productivos son la clave para lograr la generación de riqueza necesaria que nos permita como sociedad implementar las mejoras en la calidad de vida que todos los cartageneros deseamos.


Una ciudad que como, Deaton lo planteó, tenga una alta expectativa de vida de sus habitantes, que tengan buena salud, sin pobreza, con democracia e instituciones robustas. Si de algo tengo claridad después de hacer parte de esta comunidad por más de 33 años, es de la resiliencia de su gente. El sueño de una Cartagena de oportunidades debe ser posible.


Muchas gracias.


viernes, 19 de junio de 2020

Del bus al computador

El Universal, 19 de junio de 2020

El pintor español Martín de Cervera plasmó en una pintura de 1614 una lección de teología en la Universidad de Salamanca y la imagen es muy similar a lo que podríamos ver en las universidades modernas hasta hace unos meses, un profesor frente a estudiantes sentados en un salón de clases. Si bien la radio y la TV, y más recientemente Internet, han abierto la posibilidad a nuevas modalidades de enseñanza, a enriquecer procesos de formación y generar competencias por medio del uso innovador de la tecnología, al final estos medios han sido adoptados marginalmente.

La educación presencial ha prevalecido e irónicamente ha permitido su masificación. Durante años vimos cómo, al compás del avance tecnológico, las universidades se replegaron a los métodos más tradicionales de enseñanza.

En este nuevo contexto, la pandemia llegó para sacar a la sociedad de su zona de confort, y en el caso de las universidades, para impulsar el salto a la adopción de tecnologías aplicadas a la docencia. Finalmente, los docentes universitarios se han abierto a la implementación de nuevas tecnologías en sus clases, aunque de manera obligatoria. A pesar de la generalizada paquidermia transformando sus procesos formativos, los profesores y muchas universidades han respondido a esta crisis de manera relativamente rápida.

Por el lado de los estudiantes se evidencian reclamos por el cambio, dado que hay signos preocupantes de los perjuicios generados por esta abrupta transición. Según los datos del DANE, en Colombia los hogares del estrato 6 cuentan con cobertura casi universal de Internet, pero persisten diferencias inaceptables entre los estratos más bajos de las distintas regiones.

Según el Censo Nacional de Población y Vivienda del DANE, mientras en Bogotá uno de cada dos hogares del estrato 1 tienen Internet (55,9%), en el Caribe sólo uno de cada diez cuenta con este servicio (11,7 %). Ello nos hace la región más rezagada, por encima del Pacífico (su cobertura es de 16,8%).

Otra parte corresponde a la calidad del servicio. Encuestas a profesores y estudiantes revelan que la inestabilidad del servicio de internet y el fluido eléctrico son los factores que más han afectado las clases remotas. Las cifras sobre velocidad del Internet reiteran la necesidad de mayor y mejor conectividad en el país. De un total de 173 países, Colombia aparece de puesto 100 en el Índice Global de Velocidad de Internet por telefonía móvil y de 87 en el de Internet vía conexión fija.

La profundización de la brecha tecnológica toca dimensiones del ser humano diferentes a la educación, como los servicios de salud y bancarios, la recreación o el comercio. El Internet cumple un papel similar al del transporte público: un servicio necesario para acceder a otros en muchos casos esenciales para la vida.

**Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivas.

*Vicerrector académico, UTB.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Jhonnier y las campanas

El Universal, 27 de septiembre de 2019. (Link)

El 19 de septiembre, la comunidad universitaria se estremeció con el suicidio del estudiante Jhonnier Coronado Vanegas, de 19 años, nacido en Tame (Arauca). La prensa informó que Jhonnier padecía una aguda depresión; algunos medios señalaron que sufrió matoneo. Si así se demostrase, este lamentable evento debería generar una profunda reflexión en el sistema educativo.

Es cierto que la educación puede ser el arma más efectiva para romper el círculo de pobreza en la sociedad, pero el suicidio de este joven pilo nos envía un mensaje de urgencia: las presiones que enfrentan los estudiantes y su salud mental no son un problema menor, y deben ser atendidas con igual interés que el trabajo por lograr mayor cobertura, aumentar la calidad y reducir la deserción en las universidades.

Es una verdad de a puño que la educación superior en Colombia sigue siendo un privilegio. Según el Ministerio de Educación Nacional, en 2017 de cada 100 estudiantes graduados del colegio, solamente 52 lograron iniciar una carrera. Aunque esto representa un “avance notorio” frente a 10 años atrás, el reto no solo es superar los problemas de ingreso a la carrera: de hecho, solo la mitad de quienes logran matricularse se gradúan, esto es, de los 100 estudiantes que egresados de la secundaria cerca de 25 logran su objetivo de convertirse en profesionales.

Existe consenso que los principales retos del sistema de educación superior nacional son mejorar el acceso y la calidad, y aumentar la permanencia. En años recientes, los progresos han sido más claros en los dos primeros que en permanencia, donde aún existe una amplia brecha por cerrar. Colombia es el segundo país de América Latina con mayor deserción.

Sin embargo, no podemos dejar que, en el afán por incluir a más jóvenes en nuestro sistema educativo, contratar más profesores con título doctoral o publicar más investigaciones, se nos pasen por alto las condiciones de ingreso de nuestros estudiantes. Estas son, en esencia, muy diferentes, y es esta diversidad la que debemos considerar en las políticas de acompañamiento para que puedan ser egresados exitosos.

Ha llegado la hora de prestarles más atención a los programas que promueven la salud mental, a evitar el matoneo y alentar a los estudiantes a pedir ayuda. Es deber de las universidades proveer apoyo oportuno a quienes lo soliciten, respetar la dignidad y la confidencialidad.

Este episodio evoca el famoso poema del poeta escocés John Donne: “Ningún hombre es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Vicerrector Académico UTB.

viernes, 5 de julio de 2019

El debate sobre el parqueo

El Universal 05 de julio de 2019 (Enlace)

Vuelve al ruedo la discusión sobre el servicio de parqueo en la ciudad, esta vez al recinto del Concejo de Cartagena con el objetivo de impulsar un proyecto de acuerdo. No obstante, hasta no contar con un Plan Maestro de Movilidad, seguiremos viendo cómo se toman medidas contradictorias, que poco o nada ayudan a mejorar la calidad de vida, como es el caso de la propuesta de bajar o limitar las tarifas de parqueo en el Centro Histórico.

¿Por qué es mala idea bajar las tarifas? La razón es la simple ley de la demanda: menores precios, mayor consumo. Disminuir o limitar los precios de las tarifas impulsa artificialmente la demanda por estacionamiento.

En un reciente estudio publicado en la revista Economía & Región por el profesor José Soto Martínez y otros colegas, se muestra que existe una disponibilidad a pagar de hasta 30.000 pesos por hora para disminuir los tiempos de búsqueda de parqueo. Esto indica que quienes tienen con qué pagar un estacionamiento en el Centro Histórico, tienen una disposición a gastar mucho más alta que lo que hoy se cobra.

Por una parte, ¿está bien que los dueños de los parqueaderos cobren la tarifa que quieran? En principio, las leyes de oferta y demanda deberían funcionar libremente en el mercado: en ese caso, sí. No obstante, desde el punto de vista de una política pública progresiva en la distribución del ingreso, sería deseable que los dueños de automóviles ayudemos a subsidiar otros modos de transporte más sostenibles, como el transporte público.

Por otra parte, se hace mucho énfasis en la regulación de parqueaderos privados, mientras que cientos de automóviles estacionan informalmente en el espacio público. Fomentamos la informalidad, el desorden y nuevamente dejamos pasar la oportunidad de generar ingresos para el Distrito que pueden ayudar a mejorar, por ejemplo, los andenes.

Cualquier forma de promoción del uso del vehículo particular, como la de bajar las tarifas de parqueo, es una contradicción respecto a la apuesta que la ciudad ha hecho para tener un sistema de transporte público organizado y digno. Por el contrario, hoy deberíamos estar promoviendo la peatonalización completa del Centro Histórico para lograr que quienquiera que tenga la necesidad o el deseo de ir, pueda hacerlo de manera segura y cómoda usando el Sistema Integrado de Transporte Masivo (Transcaribe), o yendo a pie o en bicicleta. En este sentido, la discusión sobre estos asuntos seguirá siendo recurrente y sin norte claro, mientras la ciudad no cuente con un Plan Maestro de Movilidad que oriente las decisiones en este tema.

*Vicerrector Académico, UTB

domingo, 31 de marzo de 2019

Oportunidades en inglés

El Universal, 29 de Marzo de 2019 (Enlace)
No es un secreto que los idiomas se aprenden con mayor facilidad cuando somos jóvenes. Investigadores como Shawn Loewen y Hayo Reinders señalan un período crítico para su aprendizaje, comprendido entre los dos y los trece años. Por ello, la enseñanza del inglés, especialmente en el colegio, puede convertirse en una estrategia efectiva para nivelar el terreno en la educación superior y la vida profesional, especialmente para estudiantes de las regiones donde escasean las oportunidades.
La competencia en inglés, al igual que otras como el razonamiento cuantitativo, la lectura crítica, la comunicación escrita y las competencias ciudadanas, son medidas por el Icfes cada año mediante las pruebas Saber Pro. Según los resultados de la última medición, en 2018 las disparidades entre regiones y departamentos son aún notorias y muy preocupantes cuando se comparan con Bogotá, que supera al resto de departamentos en todas las competencias.
Un aspecto para resaltar en la prueba de inglés es la amplia dispersión entre estudiantes de alto desempeño; en otras palabras, mientras los alumnos de menor puntaje consiguen resultados muy similares independientemente del lugar del país donde residan, las diferencias en esta competencia son muy amplias entre quienes obtienen mejores puntajes.
Lo descrito señala dos enormes retos para los próximos años en materia de aprendizaje del inglés: reducir las desventajas entre departamentos y capitales frente a Bogotá, y aminorar la dispersión entre los estudiantes más sobresalientes.
El dominio de una segunda lengua no es asunto de poca monta. Un estudiante destacado de cualquier región del país logra resultados similares a los mejores alumnos bogotanos en lectura, escritura o matemáticas, mientras que, en inglés, su puntaje es ocho puntos porcentuales más bajo. Diferencia que podría tener una gran repercusión para el resto de sus vidas.
Las menores oportunidades de estudio hacia el futuro ilustran los perjuicios que ocasionan estas brechas. Según el Icetex, las bajas competencias en segunda lengua son la principal causa de cuantiosas pérdidas de becas en el extranjero. Tampoco debemos olvidar que el dominio de una segunda lengua suele servir para discriminar durante los procesos de selección laboral.
Mejoras en la formación en inglés no solo aportan al cierre de brechas interregionales en resultados de aprendizaje, sino también a la remoción de una barrera que impide el despegue regional. En este sentido, los resultados de las pruebas Saber Pro son, más que un problema, un síntoma de la debilidad del sistema para proveer oportunidades.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Vicerrector Académico, UTB

viernes, 26 de octubre de 2018

Entre educación y catástrofe

El Universal, 26 de Octubre de 2018 (Enlace)

Preocupado por los acontecimientos de su época, en 1920, el historiador y novelista de ciencia ficción británico, H. G. Wells, afirmaba en su libro —de no ficción— El bosquejo de la historia, que "La historia humana se convierte cada vez más en una carrera entre la educación y la catástrofe".

La sentencia de Wells (considerado por muchos el padre de la ciencia ficción por obras como La guerra de los mundos, La máquina del tiempo y La isla del doctor Moreau) describe con bastante acierto la crisis en Cartagena, donde el fallido sistema educativo nos está llevando con avivamiento hacia la calamidad. El preocupante dictamen local se refleja en la desventaja educativa frente a otras ciudades de un país cuyo sistema educativo no es precisamente paradigma universal.

Aunque algunos aspectos muestran avances recientes (la cobertura, por ejemplo), hay otros, como la efectividad del sistema, en los que se tiene una deuda que se amplía más en todos los ámbitos. Esa deuda en efectividad se constata en los resultados de las pruebas Saber, examen que se aplica en distintos momentos del proceso de formación en la vida del estudiante.

Para conocer los rezagos en la efectividad del sistema, el más reciente Informe de Calidad de Vida, de Cartagena Cómo Vamos, aporta información esencial. Sus datos muestran que a medida que los estudiantes cartageneros avanzan en su proceso de formación, sus competencias en lenguaje y matemáticas empeoran, medidas por los resultados en las pruebas Saber entre los grados tercero, quinto y noveno.

Esto significa que con el tránsito por el sistema de educación básica, se reduce la proporción de estudiantes que alcanza niveles avanzados de dominio de las competencias. Esto se cumple tanto para colegios privados como para los oficiales. Ni hablar de los resultados en las zonas rurales. Tristemente, parece que con nuestro sistema educativo no estamos aportando al cierre de brechas sino a todo lo contrario, en un contexto donde los recursos invertidos en llevar a los niños a las escuelas se pierden en una mezcolanza de dejadez y corrupción.

Mucho se acude al lugar común según el cual en Cartagena faltan personas con cualidades de liderazgo, que sean críticas, reflexivas, y que cuestionen el statu quo. Por ello necesitamos salir de la impasibilidad que aletarga a unos pocos: aquellos que se lucran de una sociedad pasmada y sin norte.

La prolongada crisis local impone romper el ciclo que condena a la mayoría a una educación de baja calidad. La igualdad de oportunidades y la meritocracia deben primar en el sistema educativo, de esta manera lograremos darle una mano a la educación para sacarle una cabeza a la catástrofe.

sábado, 10 de marzo de 2018

En crisis y sin líderes

El Universal, 9 de Marzo de 2018 (Enlace)

Cartagena tiene la capacidad de sorprendernos todos los días, de esforzarse en cumplir la máxima de que todo es susceptible de empeorar. Lo digo porque hace un par de semanas, un grupo de empresarios y líderes cívicos y políticos publicaron de manera amplia y sin sonrojarse un aviso en el que invitaban a un emperador del continuismo y la politiquería a “salvar” la ciudad.

El aviso pone de manifiesto al menos dos cosas: la falta de nuevos liderazgos políticos y el oportunismo y la mezquindad de ciertos sectores al actuar colectivamente. El año pasado, el codirector del Banco de la República, Adolfo Meisel, presentó el que a mi juicio es uno de los más significativos documentos escritos recientemente sobre la Costa Caribe: “El liderazgo y el futuro del caribe colombiano”. Por la coyuntura, este es sin duda pertinente para Cartagena.

Tanto la región como la ciudad han sido cooptadas por estos líderes. ¿Líderes? Son prósperos emprendedores que arreglan la venta de bellas y exclusivas magdalenas. Mercaderes de la propiedad raíz que organizan jornadas de relleno a los cuerpos de agua meticulosamente orquestadas. Constructores fraudulentos que, aprovechando la ineptitud del Estado, llenaron sus bolsillos estafando a cientos de familias. Líderes políticos que engrasan la maquinaria que nos lleva a todos a la pobreza y que a una inmensa minoría la mantiene en miseria, segregada, sin opciones.

Suena a comodín, pero hay que despertar. Hay que desempolvar las banderas de la independencia, guardadas por más de 200 años, ahora, para liberarnos de estos líderes corruptos que sitian la ciudad. Es una especie de sitio a la inversa, donde la amenaza se atrinchera en la ciudad que la mayoría reclama, mientras se caen murallas y escapan oportunidades.

Los llamados a encabezar esta retoma contra el asedio son los jóvenes, los universitarios y los estudiantes de colegio, las amas de casa, los profesores, los miles de trabajadores, todos nosotros. Quienes luchamos a diario por hacer limpio y honesto nuestro trabajo, y podemos pasar a la historia como transformadores de nuestro destino. Convirtamos este momento en una coyuntura crítica que cambie el rumbo al cual pareciera que estamos condenados. Hay que salir a votar masivamente, por quien queramos, sin dejar amarrar el voto. ¡Despertemos!

viernes, 8 de septiembre de 2017

CEER, 20 años investigando

El Universal, 8 de Septiembre de 2017. (Enlace)

Hace 20 años, en la Universidad Tecnológica de Bolívar asistí, siendo estudiante, a la presentación del trabajo “Café Caribe: La economía cafetera en la Sierra Nevada de Santa Marta”, del economista samario Joaquín Viloria. Ese fue el primero de 259 documentos de trabajo sobre economía regional y urbana que desde entonces ha producido el Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER) del Banco de la República.

Para la fecha, otro ‘think tank’ abrió sus puertas, el Observatorio del Caribe Colombiano, y otras instituciones como las universidades Tecnológica de Bolívar y Jorge Tadeo Lozano, la ANDI y la misma Cámara de Comercio, crearon sus propias unidades de investigación, la mayoría de las cuales subsisten. Estos centros fueron -y siguen siendo- semillero de un notorio grupo de académicos y profesionales influyentes que hoy brilla con luz propia en Colombia y fuera del país.

Algunos de estos centros sobreviven a las limitaciones de capacidad y financiación; por el contrario, y para bien de la región y el país, el de mayor consistencia y productividad ha sido el CEER. Su trabajo de investigación sobre fenómenos locales y regionales nos ha ayudado a comprender la naturaleza de nuestro atraso económico y social. Por medio de sus trabajos hemos conocido la realidad de Cartagena, de otras ciudades capitales y de la región Caribe. Su generosidad ha sido visible con su trabajo mancomunado con no pocos centros e investigadores de la Costa y la Nación.

La consistencia del CEER contrasta con la inestabilidad política en nuestras ciudades, en especial la de Cartagena, que en estos 20 años completa más de una docena de alcaldes. Si algo nos caracteriza es la débil incorporación de los aportes de investigadores económicos y sociales a los procesos de planeación. Tomando de ejemplo al CEER, en los últimos dos planes de desarrollo tan solo aparece una referencia de alguna de sus publicaciones.

Sin duda, uno de los mayores retos en los próximos 20 años será el de articular las capacidades científicas y de investigación con el diseño y la evaluación de las políticas públicas locales. No más en la lucha contra la pobreza se han invertido desde hace 10 años más de US50 millones cuya eficacia desconocemos.

A Cartagena le iría bien si, en vez de acudir a las creencias de sus fugaces dirigentes, se esfuerza por conformar una tecnocracia que provea juicio y estabilidad. El mejor consejo a cualquiera que se interese en dirigir la ciudad es que se apoye en instituciones competentes y estables que, como el CEER, han aportado a identificar las salidas a los graves problemas que vivimos.

viernes, 2 de junio de 2017

Algo más que pavimento

El Universal, 2 de Junio de 2017 12:00 am (Enlace)

Aunque sea una verdad de a puño que la educación es clave para romper el círculo de la pobreza y hacer sostenible el crecimiento económico, en Colombia aún tenemos mucho por aprender.
Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), nuestro rezago en capital humano es preocupante. La escolaridad alcanzada por los colombianos adultos en 2014 fue de siete años, mientras el promedio mundial fue de ocho (algo menos que la secundaria). Aún estamos lejos de cerrar la brecha con los países más avanzados, donde el indicador ronda los 13 años.

Las circunstancias por las que pasa la economía nacional reducen el margen para lograr cambios sustanciales en la inversión en educación. En el horizonte se ven nubarrones y los pronósticos más pesimistas indican que vamos camino a una recesión.

Colombia pronto completará 30 años de haber iniciado el proceso de apertura económica que trajo promesas de prosperidad. Sin embargo, aún es una economía con alta dependencia de la explotación de recursos naturales y producción de materias primas.

A pesar de los bajos precios internacionales de los últimos años, esta “locomotora” ha generado cuantiosos recursos en regalías. Son billones de pesos obtenidos de barrenar la tierra que no fueron invertidos en ciencia y tecnología, pero sí en miles de kilómetros de asfalto.

Seguramente contaremos con mejor infraestructura, pero si no hay capital humano que impulse la productividad y la innovación, no estamos haciendo más que alimentar la dependencia de lo que escarbamos para competir por dólares que otros obtienen con mejor educación, creatividad e  investigación. Los colombianos, como el Saturno de Goya, nos devoramos el futuro.

El costo de oportunidad -la segunda mejor alternativa a la que renunciamos- de estos recursos es inmenso: las nuevas carreteras terciarias aumentarán las ventajas de las grandes firmas agroindustriales de monocultivos, pero no tendrán el impacto deseado en crear oportunidades para la mayoría de la gente, como lo haría un sistema educativo fortalecido para las regiones.

Es preciso garantizar la igualdad de oportunidades sin que estas se obtengan por la lotería del nacimiento, como quedó demostrado con los resultados de la evaluación del impacto del programa educativo Ser Pilo Paga.

Mientras esto no ocurra, las capacidades de la sociedad están siendo mutiladas; son muchos los talentos atrapados por entornos empobrecidos. La educación genera capacidades que aumentan la autonomía y frenan la dependencia cíclica de los mercados internacionales. Menos pavimento, más conocimiento.

viernes, 10 de marzo de 2017

Arrow: el mundo que deja

El Universal, 10 de Marzo de 2017 (Disponible aquí)

¿Existe un método de votación cuyo resultado deje a todos satisfechos? ¿Estar asegurado hace que descuidemos la salud o vayamos al médico más de lo necesario? ¿Cómo se relacionan los precios de los productos en una economía? Preguntas como estas fueron abordadas por el recién fallecido Premio Nobel Kenneth Arrow.

Según sus conocidos, era un “genio gentil”, ávido lector y conocedor de muchos temas. Una famosa anécdota contada en su obituario en el diario The New York Times, revela su amplitud de conocimientos. Con el fin de “corcharlo” en algún tema, sus colegas dedicaron tiempo a leer sobre los hábitos reproductivos de las ballenas grises, para pretender una conversación dominante frente al veterano profesor. Ya en su presencia, y luego de una larga charla sobre el tema, el profesor Arrow, quien había permanecido en completo silencio, comentó que la teoría a la que hacían referencia había sido refutada recientemente, dejando a todos atónitos.

Sus aportes también han incidido en sectores como la salud y los seguros. Arrow describió por primera vez sus particularidades sobre la existencia de información incompleta. Por ejemplo, el que las personas más propensas a comprar un seguro son al mismo tiempo las que corren mayores riesgos, o que si se encuentran aseguradas, entonces se cuidan menos.

Su capacidad de abstracción quedó reflejada en sus aportes a la teoría del equilibrio general; su mayor contribución consistió en demostrar matemáticamente –como lo descubría al tiempo el francés Gerard Debreu-, la existencia de un equilibrio general en la economía.

En aquel momento (mediados de los 50 del Siglo XX) descubrió la perla que buscaban los economistas: por fin se pudo entender, por ejemplo, cómo el cambio en el precio de la vivienda afecta la demanda por educación, alimentos y otros bienes o servicios indispensables para la gente.

Como si lo anterior fuera poco, Arrow fue el fundador de la teoría de la elección social, que alimenta una parte vital de la ciencia política. Uno de sus trabajos más influyentes fue demostrar que la elección por mayoría puede generar resultados arbitrarios e indeseables. ¿La elección de Trump les suena parecido?.

Arrow, un norteamericano hijo de inmigrantes rumanos, pasa a la historia como uno de los gigantes de la economía moderna: sus abstracciones y su elegante matemática explican en gran medida el mundo que dejó, un mundo donde cada día queda más claro su aporte sobre las dificultades que enfrentan las democracias modernas.

viernes, 6 de enero de 2017

Herencias, poder y reformas

El Universal, 6 de Enero de 2017 (Disponible aquí)

Los tiempos están cambiando. Respetados economistas como Emmanuel Sáez, Robert Reich, Paul Krugman y en particular Thomas Piketty afirman que vamos rápidamente hacia un futuro dominado por elites que extienden sus dominios a través de sus descendencias. Estas elites tienen además gran capacidad de multiplicar la riqueza en corto tiempo.

Históricamente, la tasa de ganancia de los grandes capitales ha sido de casi 5%, pero el crecimiento económico mundial promedio apenas ha llegado a 3%. Esta diferencia implica que los dueños del capital cada año acumulan una creciente porción de la riqueza del planeta.

La tendencia a concentrar más el capital tiene consecuencias preocupantes para la democracia. Al igual que en otros países, Colombia es un caso notorio de la ampliación de esta brecha y a la vez de la vulnerabilidad del Estado y su indiscutible captura por quienes detentan el poder económico.

Unos “cuantos” mantienen más riqueza de la que pueden gastar en varias vidas y usan los recursos para “comprar” el sistema político que sirve a sus intereses.

En Colombia los grandes capitales de las familias Sarmiento, Gilinski, Ardila, Santo Domingo y Eder, entre otras pocas, son una muestra de esta tendencia señalada por Piketty, y evidencian sin equívocos su gran influencia en el diseño institucional y en las reglas de juego que rigen la vida económica nacional.

El mejor ejemplo es la recién aprobada reforma tributaria. ¿Recuerdan cómo el impuesto al azúcar –destinado a enfrentar graves problemas de salud pública- fue penosamente eliminado de la propuesta gubernamental? Lo propio ha pasado con la cerveza, las telecomunicaciones, los medios de comunicación y el sector financiero, donde la regulación pareciera estar más cerca de los intereses del negocio que de la gente.

Según el gobierno, con esta reforma se evitará una crisis presupuestal inminente. Sin embargo, lo aprobado en el Congreso no resuelve estructuralmente el déficit público y mucho menos generará contrapesos a la excesiva concentración de la riqueza.

Colombia necesita un nuevo contrato social que mejore la redistribución de la riqueza. Esto se logrará cuando el sistema impositivo se sustente en los aportes de las personas con mayores ingresos, en particular en los impuestos al patrimonio, al capital y a las herencias.

Ya es hora de que el IVA, los impuestos al consumo y las rentas generadas por los recursos naturales no renovables sean los pilares de los ingresos públicos.
Los tiempos están cambiando, es cierto; pero es lamentable que por ahora se dirijan a beneficiar a la inmensa minoría.

*Decano Facultad de Economía y Negocios-UTB

COLUMNA EMPRESARIAL
dtoro@unitecnologica.edu.co

viernes, 21 de octubre de 2016

¿A ver qué pasa?


El Universal, 21 de Octubre de 2016 12:00 am (Enlace)

Desde el pasado 2 de septiembre los cartageneros padecemos la restricción del nuevo pico y placa. Soy partidario de medidas que desincentiven el uso del auto particular y favorezcan el transporte público, pero se necesita saber cuáles son sus costos económicos y sociales para poder aplicarlas. Al revisar el Estudio Técnico elaborado por el DATT para motivar su ampliación, no se hallan respuestas.

Aparte de un ejercicio de aforo detallado, el documento carece de mediciones que permitan establecer, por ejemplo, el incremento de la demanda inducida, esto es, cuánto aumenta el uso de otros vehículos si se reduce la congestión. Tampoco muestra evidencia sobre su impacto, ni tampoco metas para evaluar la efectividad de la medida.

Como lo señala el documento, en Latinoamérica hay casos de restricción al uso de automóviles, como en Chile y México, donde se han aplicado argumentos ambientales. Sin embargo, éste desconoce el hecho de que en ningún país del mundo esta política ha sido tan usada como en Colombia. Aquí el pico y placa se ha extendido a pesar de que diversos estudios, como los de los profesores Víctor Cantillo y Juan Ortúzar (revista DYNA, 2014), muestran que sus efectos son nulos e incluso adversos en el largo plazo.

Ambos estudios muestran que el pico y placa es mucho menos eficiente que otras formas de regulación como el pago por congestión. Puede haber una cuantiosa suma de dinero representada en disposición a pagar por el uso continuo del automóvil que puede ser recolectada y usada para financiar modos de transportes más eficientes. Políticas de pago por congestión se usan desde hace décadas en Singapur, Londres, Toronto, París, Oslo, entre otras ciudades.

La principal crítica al pico y placa consiste en que aumenta el parque automotor en el largo plazo, llegando con el tiempo a la congestión que motivó la medida. Incluso puede empeorarla en periodos de no aplicación, como ocurre los fines de semana por el aumento de carros de reemplazo.

Comprar un carro adicional por negocios y hogares de ingresos medios y altos implica que el peso de la restricción vehicular impacta principalmente a los hogares de menores ingresos que tienen automóvil, haciendo la medida inequitativa e injusta.

En respuesta a lo anterior y a los síntomas de ineficacia de la medida a largo plazo, la Administración distrital sólo plantea ampliarla. Esta decisión, tomada a la ligera, generará mayores costos sociales y no servirá para nada. Es inaceptable que se sigan tomando decisiones tan sensibles con el ya memorable principio del vamos a ver qué pasa.

viernes, 5 de agosto de 2016

Uber vs. taxis

El Universal, 5 de Agosto de 2016 (Enlace)

Las empresas, como las especies vivas del planeta, se adaptan o desaparecen. Según los indicadores de Cartagena Cómo Vamos no es mucho lo que cambió entre 2014 y 2015, pero si algo ha de cambiar para las mediciones de 2016 debería ser la movilidad. Habría dos razones: una, la tan prometida, esperada y flamante aparición de Transcaribe; y otra, la irrupción de la plataforma Uber.

Soy pasajero esporádico de Transcaribe y frecuente de Uber. Uso la plataforma de vehículos particulares debido a la aún limitada cobertura del sistema de transporte masivo, al disgusto por el necesario regateo con los taxistas, al mal estado de muchos taxis y a la poca amabilidad de no pocos conductores.

He intentado abordar el problema de Uber versus taxi desde distintos ángulos. Mi apreciación es que bloquear la adopción de nuevas tecnologías es simplemente inútil. Si algo sabemos es que las nuevas tecnologías de información y comunicación llegaron para quedarse. Probablemente reemplazarán muchos oficios, como el de Vicente Fernández Fernández, el vendedor de enciclopedias de Luis García Montero en “Alguien dice tu nombre”, transformando nuestro entorno.

Si el gremio de taxistas quiere que su oficio sobreviva, las quejas deben ser reemplazadas por la adaptación. El gremio debería adoptar prácticas similares a las que han hecho de Uber un éxito mundial. Sin mucho esfuerzo, plataformas como Tappsi o Easytaxi podrían implementar el pago por tarjeta de crédito, cobrar por distancia recorrida y tiempo de espera, calificar el servicio, conocer la reputación de su conductor y seleccionar el tipo de automóvil.

Uber, además, encierra otro reto mayúsculo, asociado a la innovación. La diversidad de servicios que ofrece alrededor del mundo en su plataforma es sorprendente: Uberpool, para compartir vehículo; Uberpets, para mascotas; Uberacces, para personas con discapacidad; y muchos otros que tarde o temprano llegaran al país.
Adoptadas estas medidas y aprovechando de buena manera la creatividad criolla, no dudo que los taxistas tradicionales tendrían ventajas sobre personas que esporádicamente se dediquen a hacer una que otra carrera en Uber.

Si queremos ciudades sostenibles, abiertas y competitivas, debemos abrazar la aparición de nuevas tecnologías y adaptarlas al contexto. Uber no está solo. Otras plataformas como Amazon, Lyft, Netflix y Airbnb son muestras elocuentes de que está cambiando la forma de hacer negocios en sectores tan diversos como la lectura, el transporte, la televisión y el turismo. La clave para la supervivencia está en la adaptación; la alternativa es la extinción.

viernes, 10 de junio de 2016

Movilidad como derecho

El Universal, 10 de Junio de 2016 12:00 am (Disponible aquí)

Cartagena al fin conoció las bondades de un Sistema Integrado de Transporte Masivo (SITM). Muchos cartageneros que no conocen otras urbes con SITM, ahora saben, gracias a Transcaribe, que es posible tener una mejor ciudad, soñar con un futuro sostenible e incluyente.

Pero este muy anhelado proyecto exige el cuidado de todos: usuarios, administradores y gobierno. Los ciudadanos debemos ser conscientes de su importancia y de su rol como sistema articulador de la movilidad. Debemos tener sentido de pertenencia y cuidarlo. Transcaribe es una excusa muy oportuna para construir ciudadanía responsable y fomentar el respeto por las normas.
La administración de Transcaribe, por su parte, debe garantizar que el sistema opere muy bien, de tal manera que se pueda potenciar toda su capacidad. El reto no es minúsculo: se movilizan aproximadamente hasta 50 mil usuarios al día y la meta es llevarlo cuanto antes hasta los 500 mil viajes diarios. Es una meta lejana, pero alcanzable. Depende de que las rutas tradicionales salgan del sistema, del proceso de chatarrización y del aumento en cobertura.

La cobertura es fundamental, por lo cual se impone la necesidad de articular a Transcaribe con otros modos de transporte. Con tarifa integrada, los cartageneros podrán moverse libremente por su territorio (incluyendo la zona insular y los municipios aledaños), usando los caños y lagunas al igual que hoy usan las avenidas, y usando bicicletas y zonas peatonales con árboles que den sombra.
Es necesario que la administración distrital ponga en marcha rápidamente un esquema que permita la sostenibilidad a largo plazo del proyecto sin descuidar su necesaria ampliación, dado que se planteó hace más de una década. El aumento de la cobertura en gran medida contribuirá a cerrar brechas de ingresos, dadas las características de la demanda. Si el alcalde le apuesta a una ciudad incluyente, Transcaribe debería ser su proyecto bandera. Lamentablemente, a juzgar por la manera como figura en el Plan de Desarrollo, no hay mucho con qué soñar.

Las brechas existentes en la Cartagena de hoy se desdibujan lentamente cuando, por ejemplo, el transporte público genera espacios de interacción entre residentes de barrios distintos y diferentes niveles de ingreso. Transcaribe debe ser el medio de transporte que todos podemos y queremos usar. Debe servir para que turistas y residentes se aproximen de una manera distinta a una ciudad sin barreras, que brinde el derecho a la movilidad y la apropiación del territorio para todos sus habitantes.
Solo se necesita el compromiso de todos y cada uno.

viernes, 8 de abril de 2016

Orar y plan de desarrollo

El Universal. 8 de Abril de 2016 12:00 am (Enlace)

Colombia atraviesa por un momento histórico trascendental. A partir de la posible firma del acuerdo con las FARC y del inicio de negociaciones con el ELN, muchos colombianos esperamos estar viviendo el preludio de una Colombia en paz y próspera.

Pero la paz parece cada día más esquiva. El caldeado y a veces maloliente ambiente político, el fenómeno de El Niño y su fantasma del racionamiento, así como las adversas condiciones económicas externas, alimentan el pesimismo y la desazón.

En el contexto externo, la desaceleración del crecimiento económico mundial afectó los precios de metales y minerales, en especial del petróleo, dos de los principales productos de exportación colombianos. Estos dos bienes transables en el mercado mundial aportan el 67% del valor de las exportaciones nacionales.

Cambios como este en el frente internacional tienen hoy en aprietos al gobierno central, que enfrenta la seria posibilidad de un déficit fiscal de casi 4 puntos porcentuales del PIB, que amenaza la estabilidad de la economía colombiana.

Este escenario adverso afecta la posibilidad de fortalecer la inversión pública nacional, por lo que el desafío de preparar las condiciones de la paz territorial recae en gran medida en las regiones y en los gobiernos locales.

El primer paso para que Cartagena aporte a la paz es que el recién elegido alcalde y su equipo tengan un plan de desarrollo acorde con estos retos. Sin embargo, el documento base presentado hace poco, pieza infaltable si queremos avanzar en construir la paz, aún no tiene indicadores que permitan identificar metas claras.

No se trata de voluntarismo político ni de actos de fe, sino de oportunidades reales. Por ejemplo, del millón de habitantes o más que tiene la ciudad, sólo 224 mil tienen un empleo formal, y la mayoría (70%) gana menos de dos salarios mínimos. Casi la misma cantidad de personas, 190 mil, debe rebuscarse su sustento diario en la informalidad.

Para efectos del plan, debe quedar claramente planteada cuál es la meta en generación de empleos. De lo contrario no se sabrá qué opciones tendremos para ofrecer a los cartageneros y a los posibles desmovilizados.

Sopesando el reto que enfrentamos en contextos, por demás, poco favorables, no basta con tener fe en que la ciudad será en los próximos cuatro años un mejor lugar para vivir. Las oraciones por Cartagena no serán suficientes para lograr los cambios que la gente requiere. Se necesita un plan de desarrollo con metas y compromisos claros, que nos lleven a tener una ciudad para la gente.

viernes, 5 de febrero de 2016

Ellos y las oportunidades

El Universal, 5 de Febrero de 2016 (Enlace)

Ella, estudiante francesa de la Universidad de Burdeos. Durante sus cortos veinte años ha recibido buena alimentación, jugado con sus amigas, y asistido al colegio y a la universidad. Hace poco viajó a completar su formación en Cartagena. La conocí en noviembre del año pasado, cuando fui profesor visitante en su universidad; allá la convencí, como a dos de sus compañeras, de venir. Llegaron hace una semana a pasar, con otros 23 estudiantes internacionales, un semestre de intercambio en la Universidad Tecnológica de Bolívar.

Él, uno de los muchos motociclistas que deambulan en las noches cartageneras. Puedo imaginar que durante su corta vida ha enfrentado no pocas limitaciones. Probablemente no terminó el colegio y hace parte de los muchos cartageneros condenados a vivir en la pobreza. Aunque no lo conozco, a él lo siento cotidiano, como las ruidosas motos que deambulan por las calles de la ciudad.
Ellos se vieron por primera vez en el barrio de Marbella donde ella se hospeda y por donde él suele pasar. La noche del sábado, ella y una amiga salen a disfrutar de la ciudad de la que tanto les hablé. Cerca del hotel donde se quedan, él las ve y con un amigo las abordan. Dos para dos. Él la toma del hombro y le dice que le entregue la cartera. Ella se aturde mientras él arrebata su bolso. Luego se dirige a la amiga, que alcanza a reaccionar y grita desesperada. Él se asusta y corre adonde el amigo que le espera en la motocicleta; se pierden rápidamente entre las calles del barrio.

El episodio narrado preocupa tanto en este caso, de una estudiante extranjera, como si el afectado hubiera sido un estudiante local. No obstante, el contraste entre estos dos jóvenes se antoja aleccionador. Hace pensar en el futuro de muchos jóvenes cartageneros, comprometido por la falta de oportunidades y la corrupción.

De no ser por los ladrones de guayabera, quienes por medio de la corrupción cercenan las oportunidades de las nuevas generaciones, jóvenes como él tendrían un buen ejemplo y la posibilidad de construir un futuro diferente, para ellos, sus familias y para el conjunto de la sociedad.

Sin los ladrones que eufemísticamente llamamos de cuello blanco, para resaltar la pulcritud con la que van vestidos, y para que no dé fastidio darles la mano en los eventos sociales, ella y él probablemente hubieran podido conocerse en circunstancias muy diferentes, por ejemplo en un salón de clases.

viernes, 21 de agosto de 2015

Transcaribe y más allá

El Universal, 21 de Agosto de 2015 (Enlace)

La congestión deteriora la calidad de vida y la productividad de las ciudades, incrementa el consumo de combustible y los costos de viaje, afecta el movimiento de carga, y eleva la accidentalidad y la contaminación. Además, hay evidencia para afirmar que el estrés derivado del tráfico y la congestión generan respuestas emocionales (ansiedad y frustración) y fisiológicas (aumento en la presión sanguínea, ritmo cardíaco y tensión muscular). Ambas redundan en comportamiento agresivo y menor capacidad de reacción al conducir, generando aumentos en la accidentalidad y una considerable reducción en la calidad de vida. Investigadores de muchos países han recolectado suficiente información al respecto y mal haríamos en creer que los cartageneros somos inmunes a estos males.

Para hacer de nuestra ciudad un mejor sitio para vivir, la Universidad Tecnológica de Bolívar, la Cámara de Comercio de Cartagena y Cartagena Cómo Vamos, firmaron ayer el documento “Los 16 puntos para lograr una movilidad sostenible en Cartagena”. Estos puntos fueron identificados empleando una metodología en tres etapas con la participación de ciudadanos y expertos.

El documento señala elementos fundamentales para diseñar una política distrital de movilidad sostenible. Resalto en especial dos: primero, en un contexto de adecuada planeación urbana y territorial, Transcaribe es parte fundamental de un sistema de movilidad, pero debe estar articulado a la movilidad peatonal, las ciclorutas, el transporte acuático, y demás medios sostenibles; segundo, existe la necesidad de priorizar los medios de transporte para que se reconozca la importancia de los peatones y los ciclistas como parte integral del sistema. Para ello es necesaria infraestructura que use materiales apropiados y mejorar la arborización para generar la mayor cantidad de sombra posible.

Nuestra percepción de Cartagena está muy ligada a la movilidad. No tendremos una sensación de mejoría en la calidad de vida mientras movilizarse sea una actividad que nos enferma. Además, ni la industria, ni el puerto, ni los hoteles, ni el comercio tienen futuro sin el empuje de un sistema de movilidad sostenible.
La invitación a todos los candidatos, y en especial a quien sea electo como próximo alcalde de la ciudad, es a que adopte estos puntos derivados de la construcción colectiva, como base para una política de movilidad en la ciudad, para hacer de Cartagena la ciudad sostenible que muchos soñamos.

La siguiente es la imagen del documento firmado:

viernes, 26 de junio de 2015

Con la tina rebosada

El Universal, 26 de Junio de 2015 (Enlace)


En Colombia la pobreza se ha reducido de forma considerable en años recientes. Sin embargo, las brechas entre las regiones persisten e incluso aumentan y la inequidad se mantiene y es preocupante.
Para hablar de inequidad es necesario aclarar que ingreso y riqueza son conceptos diferentes: los ingresos equivalen a una llave abierta que llena una tina, mientras que la riqueza representa el nivel del agua en la tina. La concentración puede medirse entonces respecto a ambas variables. Hay concentración de ingresos cuando personas con salarios muy altos reciben entradas a chorros, mientras que el resto de mortales recibe un flujo que apenas le permite cubrir sus gastos. Así mismo, la concentración de riqueza ocurre cuando algunas personas tienen activos de mucho valor y su tina está rebosada.
La publicación el año pasado del libro “Capital en el siglo XXI”, de Thomas Piketty, le dio un nuevo impulso internacional a la discusión sobre la equidad. El economista francés plantea que la concentración del ingreso y la riqueza aumenta, pues es intrínsica al sistema capitalista, haciendo insostenible el sistema económico moderno. Para evitar su colapso, debe haber una importante intervención del Estado orientada a redistribuir los recursos por medio de impuestos.
Las investigaciones sobre el tema en Colombia muestran que las grandes desigualdades que caracterizan al país se explican más por la concentración de la riqueza que del ingreso.
Sin embargo, el DANE calcula el llamado coeficiente de Gini, una medida de desigualdad, solo para los ingresos, no para la riqueza.
Un reto importante para medir la concentración de la riqueza es el subregistro, por las múltiples formas que existen de “disfrazar” o “esconder” la riqueza. Así lo demuestra, por ejemplo, el reciente escándalo del Banco HSBC. Según la revista Forbes, el banco “…ayudó a ocultar más de 100.000 millones de dólares sin declarar de más de 100.000 clientes en su filial en Suiza”. Se trató de clientes de todas las nacionalidades, incluyendo a 286 colombianos.
Si la inequidad por ingresos en el país es alta, es de esperarse que la generada por la concentración de riqueza sea aún mayor. Por lo tanto, la intervención del Estado para corregir las divergencias mediante impuestos es no solo necesaria y justificable, sino urgente.
El problema es que las reformas tributarias propuestas (o las aprobadas) son tímidas y no enfrentan el problema, y las que lo hacen se hunden en el fango de la politiquería.
Y quienes las hunden pretenden lavarse las manos en sus tinas rebosadas.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Romper el ciclo

Daniel Toro Gonzalez*

El Universal. 27 de Diciembre de 2013 12:02 am

Llegó la hora en Cartagena de cambiar los pésimos resultados de los jóvenes de las escuelas públicas y privadas en las pruebas SABER, las cuales miden la calidad de la educación. Hay que romper el círculo perverso para que los hijos de los pobres (con padres de bajo nivel educativo e ingresos) dejen de obtener el peor desempeño académico.

No cambiar esta tendencia hará que se siga ampliando la brecha entre ricos y pobres. Esta deficiencia se transmite principalmente por medio de dos mecanismos: el primero: padres más educados obtienen mejores ingresos y, por ende, envían a sus hijos a mejores colegios; segundo: la calidad y cantidad de tiempo de acompañamiento que los padres pueden dedicar a los hijos.

El Observatorio de la Educación de Cartagena, de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB), con apoyo de la Facultad de Economía y Negocios de esta institución, presentó recientemente los primeros resultados del estudio sobre los factores asociados al rendimiento académico en las escuelas oficiales y privadas de la ciudad. Los resultados muestran que, a la hora de explicar el rendimiento académico, las características de los hogares y el ambiente familiar de los niños importan tanto como el colegio donde estudian.

El informe del Observatorio reafirma otros resultados obtenidos hace más de una década por los investigadores Alejandro Gaviria y Hugo Barrientos. Igual que en Colombia, la calidad educativa de las escuelas de Cartagena no ha cambiado nada en los últimos 12 años. Por el contrario, a escala internacional hemos empeorado según los más recientes resultados de las pruebas internacionales (PISA).

Paradójicamente, la única diferencia destacable entre Cartagena y el resto del país no proviene del diseño de programas especiales ni de la implementación de políticas públicas educativas locales, sino de una sociedad cada día más igualitaria en términos de género. Esta afirmación se basa en que la diferencia en el rendimiento académico entre hombres y mujeres en la ciudad es estadísticamente nula.

Si la pobreza la explica la desigualdad, es justo romper las trampas originadas en el acceso a la educación de calidad.

Podría pensarse en generar oportunidades con base en programas que identifiquen, favorezcan y fortalezcan el acompañamiento a hijos de padres con bajos niveles de educación. Se garantizaría con ello que los niños no se condenen a repetir la historia de privaciones de sus padres. Mejorar las condiciones de estos niños y jóvenes equivale a tener una sociedad más igualitaria en ingresos, conocimiento y oportunidades.

*Decano Facultad de Economía y Negocios, UTB

viernes, 8 de noviembre de 2013

Cartagena, primera princesa

El Universal, 8 de Noviembre de 2013 12:02 am (Enlace)

Hace poco Cartagena fue referenciada por la reconocida revista norteamericana Conde Nast Traveller como “la tercera ciudad más bella de Latinoamérica”. Los destinos de Centro y Suramérica seleccionados por los lectores y presentados en la publicación son, en su orden, Buenos Aires, Cuzco, Cartagena, Paraty (Brasil) y Antigua (Guatemala).

Lo irónico de esta importante mención es que aparece justo cuando los cartageneros vemos impotentes cómo la ciudad esta simultáneamente inundada y seca. Inundada por las lluvias que en menos de 15 minutos dejaron varios sectores de la ciudad bajo las aguas y seca porque al mismo tiempo más del 90% de la ciudad se encontraba sin servicio de acueducto.  Para rematar, segun informes de prensa, la interrupción del servicio de agua se dio por una falla en unasubestación eléctrica,  evidencia de la debilidad de la infraestructura de servicios públicos de la ciudad.

En contraste, el Banco Mundial publicaba el informe Doing Business 2014, que ubica a Cartagena en el puesto 18 del ranking de competitividad nacional, por debajo de otras ciudades costeñas como Sincelejo (16), Riohacha (12), Montería (10), Valledupar (8) y Santa Marta (6).
La paradójica situación refleja la dicotomía de la ciudad: iluminada y oscura, bella y fea, opulenta y pobre. Una Cartagena que se muestra ordenada y limpia en eventos internacionales, pero que permanece caótica y sucia la mayor parte del año. Una ciudad de contrastes, donde nuevas y grandes inversiones en infraestructura hotelera se erigen en medio de alcantarillas rebosadas.

La sostenibilidad de los reconocimientos que recibe la ciudad por su patrimonio cultural depende en gran medida de la colaboración y coordinación de esfuerzos entre distintos actores de la sociedad: empresas,estado y academia. Un ejemplo de articulación de esfuerzos para lograr una mejor ciudad es la labor que viene desarrollando el Comité Universidad Empresa Estado (CUEE) como escenario que coordina iniciativas de los distintos actores. El CUEE genera una oportunidad para superar de manera estructurada los problemas que afectan la competitividad de la ciudad, no sólo como destino turístico, industrial o comercial, sino como residencia permanente de alrededor de un millón de personas. Esperemos entonces que mecanismos de coordinacióncomo el CUEE permitan que, luego de los reconocimientos, una nueva coronación de la más bella de Colombia y de la celebración de las fiestas de independencia, no regresemos al estado de letargo permanente en que vivimos, coronados y como si nada estuviera pasando.

* Decano de la Facultad de Economía y Negocios, UTB.

dtoro@unitecnologica.edu.co