viernes, 3 de abril de 2026

Más puertas, más oportunidades

Viernes 3 de Abril de 2026

Si pudiera hablarle al muchacho que en 1994 recibió su carta de aceptación a la universidad de Cartagena con el corazón lleno de orgullo, le diría que guardara ese papel. Que lo iba a necesitar para recordar que sí fue capaz, que sí lo habían escogido, porque lo que vendría después iba a hacerle dudar de todo, incluso de su sueño de ser profesional.

Y el año que siguió me enseñó algo que ningún syllabus te enseña: la vida pocas veces resulta como la planeas. Antes de pisar un salón de clases, el Estado colombiano me llamó a otro deber: el servicio militar. No fue una decisión, fue el sorteo. Así que aplazé mi ingreso un año y guardé el sueño de estudiar Administración de Empresas, con la certeza de que al volver simplemente continuaría donde lo había dejado.

Pero al volver, algo había cambiado. Mi cupo ya no estaba en el programa diurno. Aparecí en el nocturno, sin que nadie me lo explicara bien, sin que nadie me dijera por qué. Intenté adaptarme. Pero los profesores llegaban tarde. Algunos no llegaban. Y entonces llegó el paro universitario de 1995, que se tragó el semestre entero.

Recuerdo esa sensación con claridad. Era la sospecha de que quizás la universidad simplemente no era para mí. Que había señales que yo no sabía leer. Que lo mejor era aceptarlo y seguir adelante por otro camino. Hoy claramente entiendo que esa sospecha era falsa. 

Lo que cambió todo no fue una política pública ni un programa de acceso. Fue la generosidad concreta de una persona: mi tía-abuela, Cecilia Uribe. Con su ayuda pude pagar ese primer semestre en la Universidad Tecnológica de Bolívar, la UTB, en Cartagena.

No era el plan original. En Colombia de los noventa en Cartagena, mi percepción era que la universidad pública era sinónimo de mérito, de ascenso, de haber logrado algo importante y para toda la vida. La universidad privada sonaba a segunda opción, a reconocer una derrota. 

Desde el primer semestre entendí que esto era diferente. Los profesores llegaban (incluso los que eran también profesores en la UdeC). Los salones funcionaban. Había exigencia y había orden. Y más importante: había algo que yo había perdido en el año anterior y que recuperé ahí, sentado en esas aulas: la convicción de que ser profesional podía ser una opción real para mí.

Terminé ese primer semestre con resultados suficientemente buenos para que la universidad me otorgara una beca. Y luego otra. Y luego otra. Todos los semestres que siguieron los estudié becado. La UTB me abrió la puerta y yo entré caminando derecho. Soy con mucho orgullo producto del sistema privado. 

Estudié Economía en la UTB. De ahí salí con un título profesional y con una comprensión más clara de lo que significa el acceso a la educación. Años después, gracias a una beca del BID y la CAF, pude cursar mi maestría en la Universidad de Los Andes, otra institución privada de altísimo nivel. Dos universidades privadas me formaron. Dos becas me dieron lo que el sistema público, por circunstancias que nadie controló del todo, no pudo darme en ese momento.

Cuento esta historia no para señalar las fallas de la universidad pública colombiana, que tiene una historia larga, un valor inmenso y desafíos estructurales que merecen análisis serio. La cuento porque creo en algo que a veces olvidamos en los debates de política educativa: los sistemas mixtos importan. La coexistencia de opciones públicas y privadas de calidad amplía el abanico de posibilidades para personas cuyas circunstancias, un sorteo, un paro, una falla administrativa, pueden representar obstaculos inmensos e invisibles para muchos jóvenes.

No todo el mundo pierde el cupo de la misma manera. No todo el mundo tiene un familiar que lo ayude. Pero si el sistema tiene más puertas, hay más probabilidades de que alguna esté abierta en el momento justo. Para ese muchacho que en 1994 recibió su carta de ingreso a la universidad pública y en 1995 salió expulsado de la misma, la puerta que estaba abierta era la de la universidad privada, la UTB. 


domingo, 22 de febrero de 2026

Beyond the Demographic Decline: The Legitimacy Crisis of Higher Education


For decades, higher education operated under an almost unquestioned premise: pursuing a university degree was the safest path toward social mobility, economic stability, and professional prestige. Today, that promise is no longer taken for granted.

Universities face a perfect storm. Much has been said about the so-called demographic cliff, the projected decline in the number of traditional college students resulting from falling birth rates after the 2008 financial crisis. However, reducing the current challenges of higher education to a demographic problem would be an analytical mistake. The real crisis runs deeper: it is a crisis of public legitimacy.

For the first time in generations, broad sectors of society, especially young people and families, are openly questioning the economic value of a university degree. Rising education costs, student debt, and labor market uncertainty have weakened the traditional narrative that college guarantees prosperity. Yet alongside this economic transformation comes a new cultural phenomenon: the emergence of visible, rapid, and seemingly successful professional pathways outside the formal education system.

Today, millions of young people watch in real time as content creators, streamers, influencers, and digital entrepreneurs achieve high incomes, social recognition, and professional autonomy without necessarily attending university. This is not merely an occupational shift; it represents a change in the aspirational imagination of new generations.

Universities no longer compete only with other educational institutions. They compete with TikTok, YouTube, and the broader digital ecosystem as perceived pathways to economic mobility.

Historically, higher education derived its legitimacy from an implicit promise: study, graduate, earn higher income, achieve upward social mobility. That model remains, on average, statistically true. Numerous studies continue to show that university graduates earn higher incomes and experience lower unemployment rates over the course of their working lives. However, public perception is not built on statistical averages but on visible stories. And the stories that dominate the youth imagination today are exceptional cases amplified by algorithms.

The extraordinary success of some digital creators creates the perception that university represents a long, expensive, and uncertain path compared with alternatives that appear immediate and meritocratic. Higher education therefore faces an unprecedented challenge: defending its value in an environment where academic credentials are no longer the sole legitimate symbol of success.

This cultural shift coincides with another structural transformation: universities no longer operate under a regime of automatic social trust. Governments, families, and employers now demand concrete evidence of outcomes: graduation rates, employability, economic return, reduction of social gaps, and contributions to regional development. In this context, a concept that has gained central importance within the U.S. university system has emerged strongly: institutional effectiveness.

More than an administrative office, institutional effectiveness represents a paradigm shift. Universities must demonstrate, through data and evidence, that they fulfill their educational and social mission. Teaching is no longer enough; impact must be shown. In other words, higher education is transitioning from legitimacy based on tradition to legitimacy based on verifiable results.

Comparing universities with the digital creator economy may seem unfair. The vast majority of aspiring influencers never achieve sustainable income or long-term job stability. Viral success is highly concentrated and volatile. Yet the central issue is not economic but symbolic. Universities once monopolized the promise of the future. Today that promise is contested in an open cultural marketplace where success appears attainable without institutional mediation. Ignoring this transformation would be a strategic mistake for higher education.

The challenge for universities is not to compete with content creators but to redefine their value proposition in a world where knowledge circulates freely and professional careers are less linear. The university of the twenty-first century must demonstrate that it offers more than a degree: critical thinking in an era of misinformation, ethical formation in the face of disruptive technologies, analytical capacities that transcend labor market trends, and above all, the ability to learn continuously in changing economies.

Paradoxically, in a world dominated by algorithms and fragmented attention, higher education may recover its relevance precisely as a space for intellectual depth and holistic human development. The current debate should not focus solely on how many students there will be in the future, but on a more fundamental question: Does society still believe that the university is necessary? Answering affirmatively no longer depends on institutional rhetoric but on universities’ ability to demonstrate, through evidence, transparency, and results, that they remain one of the most powerful mechanisms for social mobility, innovation, and democracy.

Higher education is not facing only a demographic decline. It is confronting a historic redefinition of its social contract with society. And how institutions respond to this moment will determine their relevance in the decades ahead.


jueves, 7 de agosto de 2025

Una etapa cerrada, un compromiso que continúa

En 2024 se cumplieron 20 años desde que inicié como profesor en la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB), y más de 25 años de vínculo, si cuento mi etapa de formación como economista egresado, de esta institución que ha sido escuela, laboratorio de ideas y comunidad para mí. 

En julio de 2018 asumí uno de los mayores retos profesionales: ser vicerrector académico de la UTB. En abril de 2024, después de cinco años de gestión, compartí con las directivas de la universidad un balance que no es sólo una rendición de cuentas sino un reconocimiento del trabajo colectivo de una universidad que no se detiene. 

Durante este tiempo, trabajamos con dedicación en múltiples frentes: transformamos procesos académicos, modernizamos normativas, fortalecimos la planta profesoral y abrimos nuevas oportunidades para nuestros estudiantes. Hacia afuera, la comunidad local y nacional ha reconocido la articulación positiva de la UTB en entornos y sectores diversos: la impronta de local y lo global en su relacionamiento, estando presentes lo empresarial y lo comunitario, reflejado en su contribución a la transformación de los territorios.

Como testigo de primera mano de estos logros destaco:

🔹 La disminución sin antecedentes de la ausencia intersemestral y la deserción, resultado de una estrategia integral que combinó ajustes reglamentarios oportunos, la implementación de sistemas de alerta temprana, y la consolidación del ecosistema de acompañamiento estudiantil (ECO), lo que permitió atender de manera preventiva a estudiantes en riesgo y fortalecer su permanencia y éxito académico.

🔹 El mejoramiento en los resultados de aprendizaje medidos por las pruebas oficiales SABER PRO, ampliando la distancia del puntaje promedio con las universidades de Cartagena y consolidándonos como la mejor universidad de la ciudad y la segunda mejor universidad de la región Caribe.

🔹 La creación del modelo DoReTIC para enfrentar con agilidad los retos de la pandemia, que también ha marcado  un derrotero para avanzar en la flexibilidad de nuestros procesos académicos.

🔹 El nacimiento de MAREA, un modelo de aseguramiento de resultados de aprendizaje, con el cual la UTB ha podido hacer seguimiento sistemático a las competencias genéricas desarrolladas por los estudiantes, fortaleciendo la toma de decisiones académicas y promoviendo una cultura de mejoramiento continuo basada en evidencia.

🔹 La consolidación de una nueva política de formación avanzada docente, que ha permitido proyectar estratégicamente el desarrollo profesional del cuerpo profesoral, impulsando doctorados, estancias posdoctorales y formación en maestrías propias, alineadas con las áreas prioritarias para el crecimiento académico e institucional de la UTB.

🔹 La aprobación del Estatuto Profesoral, que permitió el escalafonamiento del total de la planta de profesores, modernizando las categorías docentes, estableciendo rangos salariales más justos y alineados con el contexto internacional, y reconociendo los logros académicos y profesionales de nuestros docentes.

🔹 La creación de un modelo integral de evaluación a los profesores, mediante el cual se articulan la autoevaluación, la evaluación estudiantil, la valoración de los decanos y el cumplimiento del Plan de Metas Anuales (PMA), permitiendo alinear el desempeño docente con los objetivos institucionales y fomentar una cultura de mejora continua.

🔹La revisión de la oferta e impulso a nuevos programas académicos en todos los niveles, incluyendo nuevos doctorados propios y en red con otras universidades de calidad del país. 

🔹 El rediseño del Proyecto Educativo Institucional y el lanzamiento del Sello Institucional UTB: Formamos ciudadanos líderes transformadores, sin el cual no habría sido posible alinear curricularmente a toda la universidad en torno a una visión común de formación integral, articulando competencias, resultados de aprendizaje y propósito institucional en cada programa académico, y delineando la ruta para el rediseño curricular que actualmente se encuentra en desarrollo.

🔹 La creación de la Ruta UTB Comunidad Segura para atención a víctimas de violencia sexual y violencia basada en género, que estableció un protocolo integral, claro y confiable para la prevención, atención y seguimiento de estos casos, fortaleciendo el compromiso institucional con un campus seguro, respetuoso y libre de cualquier forma de violencia, y posicionando a la UTB como referente en la protección de derechos dentro del ámbito universitario (Enlace).

El camino recorrido ha estado lleno de retos y nos ha permitido reafirmar valores, transitar rutas de gestión de calidad educativa y mejorar nuestro relacionamiento con el entorno. Tengo la convicción de que la educación transforma a las personas y a los territorios, por el compromiso con la calidad y la inclusión, y por el orgullo auténtico de ser parte de una universidad que se piensa a sí misma desde lo local con vocación global.

Desde la distancia tengo la certeza de haber contribuido a una UTB más sólida, más equitativa, más innovadora. Gracias a quienes han hecho parte de este viaje: decanos, directores, profesores, estudiantes, personal administrativo, aliados, y muy especialmente, al rector Alberto Roa y al presidente del Consejo Superior Jorge Enrique Rumié y a todos los miembros del Consejo. 

Mi apuesta sigue siendo la misma: una educación superior de calidad, con sentido, con propósito, al servicio del desarrollo de Cartagena y la región.

Consulte el informe completo aquí.




miércoles, 16 de abril de 2025

¿El regreso del homo economicus?

Una de las críticas más conocidas a la forma en que la economía intenta entender el comportamiento humano es la idea de que las personas toman decisiones racionales. Durante casi 250 años, los modelos económicos partieron del supuesto de que actuamos como si fuéramos calculadoras perfectas, siempre buscando lo que más nos conviene. Pero desde otras disciplinas, como la psicología, surgieron fuertes cuestionamientos a esa visión.

Daniel Kahneman y Amos Tversky fueron pioneros en mostrar que, en realidad, muchas veces tomamos decisiones influidas por sesgos y atajos mentales —lo que se conoce como heurísticas. Es decir, no analizamos todas las opciones posibles, sino que buscamos soluciones rápidas y simples, que no siempre son las mejores. Por este trabajo, Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía en 2002, y años después, también lo hizo Richard Thaler (2017), otro referente de la llamada economía del comportamiento.

Una de las razones por las que usamos estas heurísticas es porque hacer análisis complejos no es fácil. De hecho, ya en los años setenta, Herbert Simon había hablado de esto con su concepto de racionalidad limitada: no tomamos decisiones perfectas porque no tenemos ni el tiempo, ni la información, ni la capacidad para hacerlo.

Ahora bien, con la llegada de tecnologías como los modelos de lenguaje de gran escala (los famosos LLM, como ChatGPT, Copilot, DeepSeek, Grok, Gemini o Claude), quizás esta historia está por cambiar. Estas herramientas están empezando a ayudarnos a procesar información de forma mucho más rápida y profunda. Y si logran facilitar la toma de decisiones complejas —como elegir un plan de pensiones, un seguro, o una carrera universitaria— podríamos empezar a tomar decisiones más racionales, más cercanas a lo que "deberíamos" haber elegido según los modelos económicos clásicos.

Esto nos lleva a una pregunta interesante: ¿podrían estas tecnologías darnos una nueva versión del homo economicus? ¿Una donde, con ayuda de inteligencia artificial, sí tomemos las decisiones óptimas que antes solo existían en la teoría?


* Nota al margen

Como ejemplo ilustrativo, realicé un ejercicio con el quiz diseñado por Hans Rosling sobre "Factfulness", disponible en factfulnessquiz.com, para evaluar si las respuestas generadas por Copilot presentaban sesgos. Los resultados fueron interesantes: el modelo respondió correctamente al 100% de las preguntas, muy por encima del promedio de respuestas correctas de los usuarios humanos, que ronda apenas el 40%. Este resultado sugiere que, al menos en ciertos contextos, la inteligencia artificial puede ayudarnos a corregir errores sistemáticos de percepción sobre el mundo. Sin embargo, también es importante reconocer que estos modelos no están exentos de problemas: siguen existiendo riesgos de que reproduzcan sesgos estructurales, como lo advierten investigaciones sobre racismo encubierto en IA, como la publicada por el Instituto de IA Centrada en el Ser Humano de Stanford (ver aquí). La cuestión, entonces, no es solo si la IA puede tomar decisiones racionales, sino también quién define lo que es racional y bajo qué valores.


martes, 1 de abril de 2025

Notas de familia

En la etiqueta interna de la guitarra se lee un viejo rótulo de papel que dice “Musical Emporium, J. Llobet y Cía., S.C. Rambla de Canaletas, 129 – Telf. 222 42 86 Barcelona – 2”.

Una simple búsqueda en Internet me llevó a encontrar la tienda de la que salió la guitarra de mi padre.

“José Llobet Gardella, un catalán que un día emigró a Argentina en busca de fortuna, y de la cual volvió casado con una italiana y con dos hijas, quien tuvo la idea de fundar una editorial destinada a la edición de partituras, en especial religiosas, y también música popular catalana. Fue así como Musical Emporium abrió sus puertas en 1900, en un pequeño local casi a tocar de una plaza de Catalunya que aún no había empezado a urbanizarse. Hacía apenas una década que se había instalado la actual Font de Canaletes, y la ciudad recién comenzaba a ramificarse hacia el naciente Eixample.” El Mundo.

En ese local, en algún momento entre 1900 y 1970 debió ensamblarse la guitarra de la cual hoy quiero hablarles. Mis padres, pereiranos de nacimiento, se conocieron en Manizales en enero de 1970, durante las ferias. Mi mamá me contó que mi papá compró la guitarra en 1973 al padre José María Ruíz Piedrahíta, que era el párroco de la iglesia Nuestra Señora de Fátima en Pereira. El padre Ruíz había traído la guitarra de España años antes y le dijo a mi mamá que le vendía la guitarra. Cuando mi mamá le contó a su entonces novio sobre la oportunidad, este no lo dudó un segundo y la compró por aproximadamente tres mil pesos.

Cuando la violencia y el narcotráfico nos sacaron de Pereira en 1989 yo tenía 14 años y la guitarra probablemente unos 20, nos fuimos a Cartagena, ciudad que nos recibió como propios. Instalados en Cartagena, de lo poco que recuerdo de nuestra vida anterior era la guitarra, creo que fue lo único que trajimos con nosotros. Desde 1973, esa guitarra acompañó a mi padre por más de cuatro décadas, 42 años, hasta su muerte en el 2015.

Al morir a causa de cáncer el 21 de abril de 2015, parecía que la guitarra hubiera hecho eco de su rápido deterioro. Estaba en un estado lamentable. Sin saber qué hacer, la guardé por unos años con el mismo cariño con que se guarda el par de zapatos viejos. Los únicos sonidos que emitía eran ecos de recuerdos de nuestras sesiones, cuando tocábamos juntos las mismas canciones que tocaban nuestros abuelos. Los bambucos de Luis Carlos Gonzalez, los tangos de Carlos Gardel y las rancheras de Jose Alfredo Jiménez.

Un día, me atreví pedirle a un gran amigo, Eduardo Bosa, que me ayudara con la restauración de la guitarra. Si había alguien al que le confiaría la guitarra de Tato era a Eduardo. Dejó una prominente carrera como ingeniero para dedicarse a la lutieria, oficio que es su pasión y en el cual ya llevaba para entonces unos años. Eduardo ha estado construyendo guitarras en su taller en Cartagena, Colombia, desde 2014, combinando métodos tradicionales y modernos para ofrecer instrumentos hermosos y de alta calidad (Ver web aquí).

Eduardo conoció bien a mi padre, por eso asumió este proyecto como propio, con el mismo cariño, cuidado y dedicación con el que lo hubiera hecho si la guitarra hubiera sido suya, asumiendo un costo enorme. El costo que para Eduardo implicaba dedicar tiempo a la guitarra era equivalente a dejar de trabajar en sus proyectos comerciales, y siendo un lutier que trabaja solo, cualquier minuto cuenta. A Eduardo le estaré eternamente agradecido.

Cuando Eduardo me entregó la guitarra no pude contener las lagrimas. Todos los años de escuchar sus ecos en la casa, todas las canciones, todas las reuniones familiares, todos los momentos compartidos me cayeron encima con el peso de la ausencia. Sentí al mismo tiempo la compañía de mi padre y la orfandad. Pero sin duda, la dicha de tener la guitarra en mis manos opacó cualquier viso de melancolía.

Otro momento muy feliz, aunque lleno de nostalgia, fue cuando entregamos la guitarra restaurada a mi mamá, el día e que celebramos sus 80 años. Reunidos en familia cantamos nuevamente su repertorio, Mi Casta, La Ruana, Muchachita pereirana, Volver, La Media Vuelta, entre muchas otras. Celebramos la vida de Tato y su legado, lloramos y reímos.

La tienda Musical Emporium cerró sus puertas en 2014, después de 114 años de historia el sueño de José Llobet Gardella llegaba a su fin, sólo un año antes de la partida de mi padre. Pero la música trasciende las despedidas. A nosotros nos queda la guitarra, que a estas alturas tiene más de medio siglo de existencia, y que espero siga resonando por muchas décadas más. No solo como testigo del paso del tiempo, sino como un puente entre generaciones, recordándonos que mientras haya alguien que toque sus cuerdas, la memoria de quienes amamos seguirá viva. 





lunes, 31 de marzo de 2025

Tato


El orgullo de Dolores

ejemplo de mil fracasos

hombría hecha dulzura

de caricias y de abrazos


Alentaste nuestros vuelos

Tú, haber de mis haberes

Amable tejedor de anhelos,

artesano de quereres


Al mar fueron tus cenizas 

Nunca abonarán las rosas

Pero alentarán las brisas 

Que impulsan las mariposas


viernes, 23 de febrero de 2024

La hora del bilingüismo

El Universal, 23 de febrero de 2024 (Enlace)

En esta era dominada por los avances de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y la cultura de los nómadas digitales, es imperativo ofrecer una educación que asegure al menos un nivel básico de inglés a nuestros estudiantes. El dominio de un segundo idioma se ha revelado como un instrumento esencial para desarrollar habilidades de comunicación intercultural, para ampliar la capacidad de aprendizaje y las oportunidades de vida de las personas, y para generar mayor equidad y justicia social.

Según la multinacional experta en selección de personal, Hays Colombia, saber inglés aumenta en una tercera parte el salario de un profesional y en 50% sus probabilidades de conseguir un mejor trabajo. Sin embargo, a pesar de que la relación positiva entre bilingüismo, rendimiento académico y desempeño laboral está ampliamente respaldada por la investigación, sorprende que aún no hayamos capitalizado este vínculo para mejorar la calidad educativa. Es cierto que existen desafíos en la implementación de políticas bilingües, como la disponibilidad de docentes cualificados, pero la tecnología puede ser gran aliada.

Diversas escuelas y universidades en el mundo y en Colombia están incorporando la inteligencia artificial para crear sistemas de tutorías individualizadas, y se cuentan no pocas plataformas diseñadas para alcanzar metas específicas en el aprendizaje de otras lenguas.

Colombia cuenta con algunos ejemplos de políticas de bilingüismo, como el programa ‘Barranquilla Bilingüe’ en la capital del Atlántico. Asimismo, países tradicionalmente monolingües han adoptado políticas similares: Francia, por ejemplo, modificó su política de exclusividad del francés en la educación superior, al notar que sus universidades podían quedar relegadas del mundo científico.

El estado de Massachusetts (EE. UU.), reconocido por su sector educativo de vanguardia, promulgó la Ley de Oportunidades Lingüísticas para Nuestros Hijos (LOOK Act) en 2017. Para materializar esta regulación, la Universidad de Massachusetts (Amherst) creó el Centro Bilingüe del Oeste de Massachusetts, con el fin de formar docentes bilingües y apoyar la implementación de programas bilingües en las escuelas estatales.

Estos ejemplos pueden servir para el diseño de una ruta propia en territorios que así lo requieren, como Cartagena y Bolívar. Es crucial que las nuevas administraciones locales tomen la iniciativa de diseñar e implementar políticas de bilingüismo para que los jóvenes tengan un futuro que trascienda el mototaxismo y la informalidad.

*Vicerrector Académico (UTB) y Coordinador del Western Massachusetts Bilingual Hub (Universidad de Massachusetts, Amherst).

viernes, 12 de mayo de 2023

Satisfacción y desempeño educativo

El Universal, 12 de mayo de 2023 12:00 AM (Enlace)

Los indicadores recién presentados en la encuesta de percepción ciudadana de Cartagena Cómo Vamos (CCV) son muy llamativos. Primero, porque la satisfacción de los ciudadanos con la educación supera el 80%; y, segundo, porque en el caso particular de la atención a primera infancia, la cifra asciende al 86%.

No obstante, los datos de desempeño contrastan con este aparente positivo nivel de satisfacción. CCV reporta que el 86% de los colegios oficiales tuvo un desempeño bajo en las pruebas Saber 11 (Icfes). Además, según los datos más recientes de estas pruebas estatales (2022), en Cartagena los colegios privados se ubican en promedio 50 puntos por encima de los oficiales. Esta brecha es mucho más amplia que la observada en el país, donde la diferencia es de 30 puntos. Dicho de otra forma, un estudiante de un colegio oficial de Cartagena tiene una desventaja de casi 20% respecto al resultado promedio de un par de colegio privado.

¿Se imaginan lo que representa para un joven iniciar una carrera de 100 m partiendo 20 m atrás? ¿Cómo entendemos la alta satisfacción ciudadana? ¿Por qué los cartageneros somos benévolos con un sistema que muestra tan pobre desempeño?

En 2019, investigadores de la Universidad de Salento propusieron un instrumento especializado para medir la satisfacción en las escuelas italianas. Una de sus principales preocupaciones era que las mediciones de satisfacción se desarrollaron con el fin de evaluar el desempeño de negocios y la percepción de sus clientes con respecto a su calidad. De allí el concepto pasó a la administración pública con no pocas preocupaciones sobre la idoneidad de estos indicadores, que intentan evaluar organizaciones sin ánimo de lucro —como las escuelas— fuera del contexto cliente-producto.

Según el estudio, es probable que los criterios que los padres consideran como satisfactorios sean diferentes a los asociados a la calidad de la educación. Por ejemplo, si la posibilidad de trabajar de un padre o de una madre depende de enviar su hijo al colegio, el solo hecho de que el niño asista a la escuela puede generar satisfacción. Otro elemento estaría relacionado con la capacidad de juzgar qué es una educación de buena calidad cuando nunca se ha recibido.

Las familias juegan un rol muy importante en la educación de los jóvenes. Es necesario, entonces, escucharlas y hacerlas partícipes del proceso formativo, pero ajustando los instrumentos de medición de sus percepciones para que sean más útiles en el diseño de estrategias y políticas educativas.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Vicerrector Académico, UTB.

lunes, 31 de octubre de 2022

Retos y perspectivas para el desarrollo de Cartagena

Daniel Toro González

Foro: Planeación territorial, un sueño posible

28 de octubre de 2022

El Universal






Buenos días, muchas gracias por la invitación.


Un saludo especial a todos los panelistas y asistentes.  


Espero que las discusiones e ideas presentadas en este evento sirvan para avanzar en el propósito común que nos reúne, hacer de Cartagena un sueño posible. Espero también con estas reflexiones finales, aportar en algo al logro de este sueño.


Desde las teorías del crecimiento económico formuladas en los años 50 por Paul Samuelson (Nobel de 1970) y especialmente por Robert Solow (Nobel de 1987) y de su evolución, sabemos a grandes rasgos, que el crecimiento económico se fundamenta en tres componentes: capital humano, capital físico y tecnología. Lo que nos han demostrado al menos siete décadas de revisión de estas teorías de crecimiento, es que los tres componentes revisten igual importancia y no es posible lograr avances sustantivos si los tres no se desarrollan de manera equilibrada.  


Capital Humano


No obstante, respecto del fenómeno de crecimiento económico urbano, de acuerdo con Edward Glaeser, Director del programa de investigación urbano del Centro para el Desarrollo Urbano de LSE, el capital humano es de lejos, el factor que mejor explica el éxito de las ciudades. Todas las ciudades exitosas tienen algo en común, para prosperar, deben tener la capacidad de formar, retener y atraer personas inteligentes y permitirles conectarse y trabajar colaborativamente. No existe ninguna ciudad exitosa sin un tejido fuerte de capital humano


Si pudiéramos pensar en diseñar una ciudad (o país) ideal, de acuerdo con Angus Deaton (Premio Nobel de Economía en 2015) deberíamos considerar una democracia amplia y participativa, una institucionalidad robusta que provea ley y orden, ausencia de pobreza, una alta expectativa de vida, y buena salud, la mayoría de estos aspectos están claramente relacionados con el capital humano. 


Pensemos entonces si Cartagena de Indias puede asociarse a esta idea o al camino que puede llevarnos a ella. ¿Tenemos los cartageneros las mismas oportunidades de llevar una vida plena independientemente de en qué barrio hayamos nacido? Una forma de medir la igualdad de oportunidades es mirar la relación entre los ingresos de padres e hijos. En una sociedad perfectamente móvil, con igualdad de oportunidades, mis ingresos no deberían depender de los de mi padre, por el contrario, en una sociedad de castas, que es el otro extremo, los trabajos (con sus ingresos) se heredan de una generación a otra. ¿Qué tipo de sociedad tenemos hoy en Cartagena? ¿A cuál nos parecemos más a una sociedad móvil o a una de castas?


En reciente publicación sobre el sector educativo en Colombia publicada por Dejusticia, titulada La Quinta Puerta, los autores Juan Camilo Cárdenas, Leopoldo Ferguson y Mauricio García Villegas cuentan la historia de cómo la educación en Colombia agudiza las desigualdades en lugar de remediarlas. Resaltan que la desigualdad del ingreso implica dos grandes problemas en el sector educativo: por un lado, produce desigualdad de oportunidades de aprendizaje y por el otro, genera segregación social de estudiantes en distintos tipos de colegios. En este aspecto, al menos, el sistema educativo colombiano pareciera llevarnos menos a la movilidad y más a las castas.


Para el caso de Cartagena los resultados de las pruebas Saber 11 son contundentes, de acuerdo con el análisis consolidado por Cartagena Cómo Vamos, de las 14 principales ciudades del país, “Cartagena fue la cuarta ciudad con resultados más bajos en educación”. Adicionalmente, “mientras el total de colegios privados que alcanzaron las categorías (más altas) A+ y A pasaron del 44% en 2019 al 47% en 2021, en los oficiales la proporción disminuyó, del 8% al 3%. El 86% de los colegios oficiales están en las categorías C y D en 2021”. ¿Movilidad social o castas?


Si hay una deuda urgente que debemos saldar como sociedad para lograr una oportunidad, es la de mejorar la calidad de la educación inicial, básica, media y superior.


Tecnología


La tecnología, su desarrollo, difusión y uso, están profundamente vinculadas al capital humano. Sin la tecnología desarrollada en Europa durante el periodo de industrialización entre los siglos XVIII y XIX, la cual permitió el abaratamiento de los costos de transporte y el aumento de la productividad, no hubiera sido posible escapar a la distopía maltusiana. La tecnología hoy permite que la producción de alimentos en el mundo supere la demanda. El gran problema, como lo demostró Amartya Sen en su tesis de grado, es su distribución, la inequidad y la desigualdad.   


En general, es necesario acumular suficiente capital humano para lograr el mejor aprovechamiento de lo que el conocimiento humano hoy ofrece, adoptarlo y adaptarlo. Además, aprovechar la riqueza natural para generar nuevas oportunidades de productos y servicios que ayuden a la generación de empresas formales y productivas.  


La combinación de capital humano, tecnología e inversión puede abrir la puerta a una ciudad con una producción más compleja en el sentido de Ricardo Hausmann. Ningún país ha salido de la pobreza exportando materias primas. El Atlas de complejidad económica de Hausmann nos permite vislumbrar una vía hacia la prosperidad. Debemos y podemos pensar en clave de industrias del futuro, el bienestar, la recreación, la salud, la industria 4.0 y 5.0, los servicios y las industrias en movimiento, sin negar que el turismo, la industria tradicional y los puertos pueden darnos la palanca para dar el paso a sectores de mayor generación de valor agregado. 


Debemos hacer mejor uso de los recursos con los que contamos, optimizarlos y potenciarlos. Echar mano de los Einsteins muertos por un puñal en una pelea de pandillas o de las Marie Curies que han quedado embarazadas siendo niñas. Si no nos conduele la pobreza y la miseria a la que están sujetos miles de cartageneros diariamente, los invito entonces a que pensemos en ellos como potenciales generadores de riqueza y actuemos más rápido en proveerles oportunidades. 



Capital Físico


¿Qué entendemos por capital físico? Son todos los activos que pueden generar producción, entre ellos, las casas, lotes, terrenos o bienes inmuebles localizados en el territorio nacional, los mismos que serán inventariados en el catastro multipropósito. Algunos de estos elementos están incluidos en el Índice de Competitividad de Ciudades (ICC) como el pilar de infraestructura y equipamiento que hace parte de las condiciones habilitantes del territorio. En este ICC Cartagena ocupa un penoso puesto 13 del país, después de Neiva, Ibagué, Armenia y Popayán. 


Debemos pensar en cómo lograr el fortalecimiento de la administración pública, eficiente y efectiva. Que permita avanzar en los proyectos estratégicos de la ciudad. Por encima de las exenciones tributarias, que pueden tener algunos efectos en el corto plazo para atracción, pero no son sostenibles. Estos recursos son necesarios para generar las condiciones asociadas a una vida plena, ni siquiera digna, plena de todos los cartageneros. Pensar una ciudad mejor, para los cartageneros.


Las ciudades pobres son muy similares en cualquier lugar del mundo, pero las ciudades exitosas se diferencian unas de otras, tienen identidad, y aunque Cartagena está casi que inexorablemente amarrada a su pasado y el determinismo histórico ejerce gran peso en nuestras perspectivas de futuro, no necesariamente debemos estar definidos por este. 


Cartagena hace apenas 200 años fue una ciudad abierta al mundo, multilingüe y con estrechos lazos con otras naciones, especialmente de caribe, sin embargo hoy no tenemos siquiera superada la prueba de la comunicación en nuestro idioma oficial.   


Debemos abrazar y celebrar el esfuerzo por avanzar en el catastro multipropósito para la correcta administración del territorio con criterios de sostenibilidad. Debemos avanzar decididamente en el ordenamiento territorial y en su administración. 


En resumen, mejorar la calidad de la educación con oportunidades para todos, propiciar la absorción y adopción tecnológica y administrar mejor los recursos físicos y productivos son la clave para lograr la generación de riqueza necesaria que nos permita como sociedad implementar las mejoras en la calidad de vida que todos los cartageneros deseamos.


Una ciudad que como, Deaton lo planteó, tenga una alta expectativa de vida de sus habitantes, que tengan buena salud, sin pobreza, con democracia e instituciones robustas. Si de algo tengo claridad después de hacer parte de esta comunidad por más de 33 años, es de la resiliencia de su gente. El sueño de una Cartagena de oportunidades debe ser posible.


Muchas gracias.


miércoles, 22 de junio de 2022

Cobertura en Educación Superior, una propuesta para el próximo cuatrienio

Daniel Toro González, 18 de junio de 2022.

Esta reflexión pretende poner en discusión uno de los mayores retos de la política pública de educación superior en Colombia: ampliar la cobertura, con el fin de construir una sociedad más justa y que siente las bases para una mayor prosperidad en el futuro. Este desafío se puede resumir en las siguientes preguntas: ¿Es posible ampliar el acceso de los y las jóvenes a la educación superior?¿De qué manera se hace posible? ¿Con quiénes puede lograrse ésta meta inaplazable para un país que debe ampliar las oportunidades y garantizar el derecho a la educación? ¿Cuánto cuesta garantizar este derecho?

¿Dónde estamos y adónde queremos ir?

Los jóvenes colombianos con edad para entrar a la educación superior -de 17 a 21 años- rondaron los 4,2 millones de personas en 2020 . Sin embargo, según el Sistema de Información de Educación Superior (SNIES), un poco más de la mitad, el 51%, logró entrar a cualquier modalidad de educación terciaria. Nuestro país muestra un notorio avance, sin duda, a juzgar porque en 2010 esta cobertura rondaba el 39%; pero aún estamos lejos de lograr el éxito de países cuyas políticas públicas nos dispusimos a seguir, como sucede con los países de la OECD, donde el 79% de su población joven tiene garantizado este derecho fundamental (Enlace).

Podemos empezar a ilustrar la dimensión de este reto examinando la estructura de la educación superior colombiana. De los 2,3 millones de jóvenes matriculados en 2020, el 65% son estudiantes universitarios, el 25% asiste a programas tecnológicos, el 3% a programas técnicos y el restante 7% son estudiantes de posgrado (especialización, maestría o doctorado). De la matrícula total, el 80% corresponde a programas presenciales, lo que muestra el avance en cobertura de los programas a distancia, en especial los virtuales, con la pandemia por Covid-19; esta oferta representa cerca del 20% de los programas, casi el doble de su aporte en 2010, del 11%. 

Una de las cuestiones a resolver para el próximo gobierno es ¿cómo puede configurarse una estrategia de ampliación de cobertura de educación superior que sea sostenible, teniendo en cuenta la estructura del sector, las limitaciones de la oferta y las características del sistema mixto (oficial y privado) con el que cuenta hoy Colombia?

El desafío consiste entonces en plantear un esquema que permita avanzar en el cierre de la brecha de cobertura en educación superior que se cuantifica, como se expone según los datos, como la diferencia entre la población entre 17 y 21 años (4,2 millones) y los estudiantes matriculados (de 2,3 millones). En otras palabras, el reto es cubrir cerca de 1,8 millones de jóvenes sin acceso efectivo a este derecho. 

Miremos al futuro 

Partamos la reflexión considerando el desempeño de las que las universidades oficiales, que pasaron de tener en sus aulas a 927 mil estudiantes en 2010, a 1,2 millones en 2020 (276 mil estudiantes nuevos en once años). Esta cifra muestra el norte que debe orientar, al menos en el corto plazo, las acciones de las IES públicas para avanzar en la reducción de la brecha en cobertura. Según la información, la tasa de crecimiento promedio de la matrícula en estas universidades es del 2,5% cada año, con lo cual le tomaría a las instituciones oficiales 35 años para cubrir la brecha de 1,8 millones de estudiantes en sus aulas; esto significa que para cerrar la brecha total de cobertura, deben pasar de 1,2 millones de estudiantes a cerca de 3 millones de alumnos atendidos. Para las universidades privadas, a pesar de que la tasa de crecimiento anual observada en el mismo periodo (2010-2020) fue superior, del 4,6% anual, el número de años necesarios es también alto, 22 años para llegar a la meta de 3 millones. 

Desde el enfoque de la gratuidad, las universidades públicas tienen una capacidad de respuesta limitada y, además, mediada por la transferencia de recursos de distintos niveles de gobierno. Por esta razón -principalmente ante la limitación de infraestructura física-, se puede colegir que la ampliación de la cobertura deberá financiarse con el aumento de las transferencias a las IES oficiales; al engrosarse su capacidad presupuestal y dando un uso óptimo a estos recursos, estos se podrían orientar a ampliar la oferta. Sin embargo, teniendo en cuenta las condiciones actuales de infraestructura física y tecnológica, la disponibilidad presupuestal y de financiación, es poco probable que se puedan ampliar las capacidades del sector oficial, de tal manera que se logre integrar a todos los estudiantes que quedan por fuera del sistema. Por ello, el cierre de la brecha en educación superior es inalcanzable en el mediano plazo si no se trabaja con todas las instituciones de educación superior del sistema, independientemente que estas sean oficiales o privadas.

La dimensión financiera del reto

Podemos acercarnos a  cuantificar el tamaño del esfuerzo presupuestal y financiero que nos permita como sociedad dar oportunidades a todos los jóvenes colombianos. Tomemos el programa bandera -nunca alejado de polémica- de los últimos gobiernos: Ser Pilo Paga (SPP). El costo anual de SPP fue de 2 billones para los 40 mil estudiantes que entraron al programa, lo que implica un costo cercano de $12,5 millones anuales por estudiante (Enlace). Otras fuentes estiman el costo total del programa en $4 billones (Enlace), caso en el cual la matrícula anual rondaría los 25 millones anuales por alumno. 

Ahora, asumamos dos supuestos: que el valor de matrícula anual sea equivalente al 50% del total del gasto anual por estudiante de SPP, y que tomemos como referencia el valor más alto del costo total del programa (de $4 billones). En ese caso, el costo de la matrícula anual sería de 12,5 millones de pesos por estudiante. Con este valor promedio de matrícula anual, financiar la brecha de 1,8 millones de estudiantes costaría unos $23 billones anuales. 

Si se toma el nuevo valor de referencia (costo promedio de matrícula de estudiantes) del SNIES, de $5 millones semestrales o $10 millones anuales, cerrar la brecha en educación superior costaría al año cerca de 19 billones. A todas luces, estos montos -incluso en los casos más bajos- son inalcanzables según las realidades presupuestales del país, ya que el presupuesto nacional destinado a inversión en educación rondó los $50 billones en 2020 (Enlace). A esta dificultad se debe sumar un toque de sensatez: es poco realista esperar que haya una brecha de cobertura de cero. 

Por esta razón, una meta razonable es alcanzar el nivel de cobertura del 79% de los países de la OECD para el año 2030. Es posible lograrlo si la cobertura nacional de educación superior sigue creciendo a un ritmo de 2,3% anual por los próximos 10 años; se trata de un escenario realista, toda vez que la cobertura en educación superior ha crecido cada año, entre 2010 y 2020, el 3,6%. No obstante, como ya lo mencionamos, la dinámica de las universidades oficiales y privadas ha sido diferente: mientras la matricula en las instituciones oficiales creció cada año 2,7% durante todo el período, las privadas duplicaron este crecimiento con una tasa de 4,6% anual.

A manera de propuesta

Si Colombia desea reducir para 2030 la brecha de cobertura en educación superior tomando como referencia los estándares actuales de la OECD, el país deberá lograr una cobertura cercana al 70% en 2026, año de cierre del próximo cuatrienio presidencial. Esto implica dar oportunidades a 412 mil estudiantes durante los próximos cuatro años (a razón de 100 mil cada año). Esta meta es difícil de alcanzar si se pretende incorporar la totalidad de estudiantes nuevos en solo un tipo de institución, sean oficiales o privadas. Para tener un plan viable hay que avanzar en cobertura contando con IES oficiales y privadas, que puedan asumir las matrículas adicionales según la distribución actual de matrícula (un 50% cada grupo). En este escenario, las universidades oficiales asumirían aproximadamente 50 mil estudiantes nuevos al año al igual que las privadas; se trata de un esfuerzo titánico, considerando que todo el programa SPP cubrió a 40 mil estudiantes en cuatro años. 

A pesar de tamaño esfuerzo, ingresar a 100 mil nuevos estudiantes al año en educación superior no es presupuestalmente inviable para ambas IES; esto costaría alrededor de medio billón de pesos al año, considerando una matrícula promedio de $5 millones; en cuatro años esto significa un costo aproximado de $2 billones. Si el esquema de financiación es compartido entre el Estado, las IES y los estudiantes, implicaría una estructura más realista y alcanzable. Por ejemplo, en un escenario donde el Estado asume el 50%, y las IES y los estudiantes un 25%, el plan tendría un costo total de $1 billón, aproximadamente un punto del PIB; el otro billón sería asumido por las IES y por los estudiantes de manera equitativa. Esta alternativa permitiría alcanzar la meta de cobertura cercana al 70% en 2026, abonando el camino para el cierre de la brecha en cobertura respecto de los países de la OECD a 2030 (del 79%).

No obstante, el principal mensaje de lo expuesto es que no es posible avanzar en cobertura de manera significativa sin contar con las universidades oficiales y privadas. Las soluciones unívocas (o de esquina, como se expresaría un economista, para decir que se deja en unas solas manos la solución) no son viables, por lo que es indispensable diseñar una propuesta que aproveche la existencia de un esquema mixto de oferta de la educación superior. La propuesta de incorporar 50 mil estudiantes en universidades privadas y otros 50 mil en universidades públicas es financieramente viable.

Sin duda, el diseño de una política de cierre de brechas en educación superior debe estar además acompañada de un análisis sobre la calidad de la educación y cómo garantizar la maximización del efecto que la ampliación en la cobertura pueda tener en términos de aumento en la productividad. Sin este componente, los esfuerzos por incluir a más jóvenes a programas de formación terciaria pueden ser en vano.

domingo, 3 de abril de 2022

Palabras ceremonia de escalafonamiento de profesores 2022

30 de marzo de 2022



Bienvenidos, 


Señor Rector Alberto Roa Varelo,

Vicerrectora Administrativa, Rosario Gutierrez de Piñerez

Decanos, profesores y miembros de nuestra comunidad UTB.


Es un gran honor para mí estar hoy con ustedes compartiendo este momento. El proyecto de Nuevo Estatuto inició desde hace más de cuatro años y cierra hoy su primer ciclo. Fue un proyecto retador en el que todos aportamos. Estoy convencido de que logramos un apropiado balance entre los aspectos académicos y los administrativos, contribuyendo a nuestros objetivos misionales y a la sostenibilidad institucional. Estoy seguro que nos falta camino por recorrer en nuestro desarrollo como institución y hay, sin duda, aspectos que mejorar del estatuto, pero también estoy confiado en afirmar que hemos dado pasos significativos en el objetivo fijado en nuestro plan estratégico a 2025 el cual indica que  “…seremos una universidad que logra atraer y retener estudiantes, profesores y socios estratégicos.”


El reflejo de esta apuesta institucional es el testimonio de cada uno de ustedes, los profesores de la UTB. Siempre atentos, siempre dispuestos y en constante (y difícil) búsqueda del balance perfecto entre las actividades de docencia, investigación, extensión y gestión académica. Tal y como lo declara nuestro estatuto, el arquetipo del profesor UTB es “... un profesional altamente calificado, apasionado por el saber, por la construcción y pertinencia social del conocimiento y comprometido con la transformación de su entorno y con los procesos de aprendizaje de sus estudiantes. Pone al servicio de los mismos sus aptitudes, conocimientos y habilidades para contribuir a su desarrollo integral, a la consolidación de un carácter ético y a la promoción de una actitud crítica frente al conocimiento.”


Este rol, como profesores en momentos tan inciertos como los años de pandemia que hemos vivido y también durante estos meses de celebración democrática, que tristemente nos muestran lo poco que nos escuchamos los unos a los otros, se torna esencial. No es fácil ser profesor, y ha sido especialmente cierto durante la pandemia. En esta profesión cargamos con el peso del futuro de semestre en semestre y entre semestres nos preparamos para hacerlo mejor en el próximo. Estamos en función de nuestros estudiantes mucho más tiempo que el que estamos con nuestras familias. Por supuesto, no es en vano, la semilla de la transformación y del progreso sostenible e incluyente se incuba en nuestras aulas.


Para el primer período del 2020 de acuerdo con datos del SNIES - MEN había en Colombia aproximadamente 140 mil profesores universitarios, este número se redujo en aproximadamente 15 mil para el segundo periodo del primer año de la pandemia, llegando a 126 mil. Una contracción aproximada del 10%. 


La subcategoría más estable entre estos fue la de profesores doctores, que se mantuvo alrededor de los 19 mil doctores, que representan el 15% del total de la planta universitaria docente nacional, en la UTB dan cuenta de más del 33%, duplicando la tasa nacional. Del total de los 126 mil profesores universitarios en Colombia 50 mil son profesores de tiempo completo, lo cual representa el 40%. A nivel nacional solamente el 15% de los profesores tienen contrato a término indefinido (75% de los de tiempo completo), en la UTB todos los profesores de planta contamos con esta garantía de estabilidad.


El contraste de las cifras de la UTB con el panorama nacional muestran el compromiso de la institución con la calidad, reflejada en lo más importante en una universidad, su capital humano, sus profesores. 


La convocatoria 2021 nos permitió evolucionar hacia una estructura que refleja el carácter y la madurez institucional, se redujo la proporción de profesores escalafonados como Instructores (antes Auxiliares) pasamos de un 37% a 21%. Aumentó significativamente la proporción de profesores Asistentes, pasando de 27% a 42%. La proporción de profesores escalafonados en la categoría de Asociados se mantuvo en 31% y la categoría de Titulares se enriqueció con la llegada de nuestras dos primeras profesoras a esta categoría pasando de representar el 5% al 7%. Esta evolución es el resultado del esfuerzo de todos ustedes. 

 

No ha sido una tarea sencilla avanzar en la visión de la UTB, especialmente en lo relacionado con la atracción y retención de profesores. Ha sido retador, especialmente en los últimos dos años. Ha costado un gran esfuerzo avanzar en este propósito. Las circunstancias han sido más que adversas. Lo único que no nos ha faltado como comunidad es determinación, compromiso y dedicación para sacar adelante esta joya de la ciudad y de la región.  


Avanzar en el propósito de ser una institución capaz de atraer y retener el mejor talento, cuando el contexto que nos rodea no cuenta con las condiciones necesarias para valorar claramente las diferencias en calidad tiene sus complicaciones. No obstante, nuestro compromiso indeclinable con una educación de alta calidad en Cartagena no está condicionado al contexto, es nuestra cultura institucional, es como somos, es una convicción. 


Una de las constantes en la vida son los obstáculos, y para llegar aquí hoy ha implicado una cuota de sacrificio y esfuerzo. Lo que quiero reiterarles a todos, a ustedes los profesores de la UTB, es nuestro compromiso en ayudarles a sobrepasar los obstáculos al desarrollo de su vocación y contribuir así al éxito de sus estudiantes, nuestros estudiantes, que son al mismo tiempo una extensión de sus familias, de nuestras familias, de la ciudad, de la región y del país. 


Mis más sinceros reconocimientos a todos en este día, felicitaciones y gracias por hacer de la UTB la mejor universidad.


jueves, 4 de noviembre de 2021

Palabras Gala de los Mejores 2021

Daniel Toro González, miércoles, 3 de noviembre de 2021


Buenos días, señor Rector, Vicerrectora, Decanos, directivos, profesores y miembros de esta comunidad UTB.

Es para mi un placer compartir con ustedes este momento, dedicado a resaltar y honrar el trabajo de quienes han logrado lo que antes de marzo del 2020 parecía imposible. Si nos hubieran preguntado en febrero del 2020 cuánto tiempo y recursos nos tomaría llevar todas las actividades académicas a un esquema remoto, el tiempo incluso para estimar estos montos se hubiera contado en meses, en el mejor de los casos. No obstante, una vez enfrentados a la pandemia, la transición de emergencia no nos tomó más de una semana. Por supuesto, la rápida transición hacia nuevos medios educativos fue posible solamente por el compromiso del equipo técnico, académico y administrativo que permitió resolver los múltiples retos, pero sobre todo, a la dedicación, compromiso y flexibilidad de todos nuestros profesores.

Esta Gala de los Mejores esta dedicada a resaltar el trabajo de los profesores, protagonistas del cambio, quienes facilitaron una transición rápida a la Docencia Remota soportada en Tecnologías de Información y Comunicaciones – DoReTIC y en general permitieron dar continuidad a las funciones sustantivas de la universidad manteniendo los valores institucionales de liderazgo, excelencia, respeto, servicio, responsabilidad social, compromiso con el logro y transparencia.

Dice Derek Book, ex rector de la Universidad de Harvard  en su libro “El reto de reformar las universidades” que las encuestas muestran que la mayoría de los profesores nos consideramos mejores que el promedio (Bok, 2017). Que yo recuerde esto sólo sucede también con conductores pasados de copas. No sobra aclarar que no estoy sugiriendo la existencia de ninguna relación causal entre estos dos subconjuntos. Pero fuera de broma, a veces tendemos a ser tan autocomplacientes con nuestro trabajo como críticos con el de nuestros pares, resalta Bok que “La clave para superar la autocomplacencia es obtener mejor evidencia de nuestro desempeño”. Esto por supuesto esta muy en línea con el camino que nos hemos trazado en la UTB. Una universidad tecnológica, en la frontera de la ciencia en muchas áreas y disciplinas se ha convertido en referencia local, regional e incluso nacional, con visibilidad y reconocimiento internacional. Es en este contexto en el que ustedes los profesores de la UTB, incluso en momentos tan complejos como los generados por la pandemia, han demostrado todas sus capacidades y compromiso. 

No son pocos los mensajes que les hemos hecho llegar a miembros de nuestra comunidad lamentando la pérdida de un ser querido. Muchos de ustedes han atravesado los días más difíciles de sus vidas durante este ultimo año, y han estado al día siguiente al lado de sus estudiantes ayudándolos a construir certezas sobre un mar de incertidumbres. Incluso perdimos a miembros de nuestra comunidad, nuestra querida Netty Huertas, a quien extrañamos y que dejó una marca y aportes muy valorados por la comunidad en el desarrollo del turismo. Por eso nuestro compromiso debe ser el de honrar la memoria de Netty y la de todos nuestros familiares y amigos que no lograron superar la pandemia, haciendo lo mejor que sabemos, transformando el futuro con educación.

Es nuestro reto avanzar en un proyecto educativo que nos permita como profesores hacer parte de una comunidad académica vibrante, conectada con las redes internacionales de conocimiento, pero que al mismo tiempo nos permita aportar a la construcción de una ciudad y a una región más justas, más incluyentes.

Sabemos que los retos que nos esperan como comunidad son múltiples y complejos, para la Asociación Europea de Universidades en su informe “Universidades sin paredes: una visión al 2030”, será necesario para las universidades aportar a la solución de la crisis climática y de sostenibilidad, mantenerse vigentes en el acelerado desarrollo tecnológico, ayudar a la construcción de sistemas políticos más estables y que propicien la democracia, combatir la desinformación y la erosión del debate público, ayudar a comprender y aprovechar los cambios geopolíticos del mundo y, por supuesto, combatir (la pobreza) y las disparidades sociales persistentes. Todo esto garantizando la sostenibilidad de largo plazo en un contexto cada día más competitivo e incierto.

Será necesario para enfrentar estos retos, repensar la forma cómo se desarrollan nuestros programas de pregrado y posgrado, promover la interdisciplinariedad y fortalecer el relacionamiento con el entorno. Para lograrlo, al menos en lo relacionado con la formación de nuestros estudiantes, debemos seguir construyendo desde la perspectiva de los resultados de aprendizaje, instrumentos de medición que nos permitan implementar un proceso continuo de reformas y ajustes curriculares que fortalezcan el sello institucional y que nos permitan continuar con el legado de aporte en la reducción de las brechas que enfrentamos como sociedad.

El futuro nos pertenece y con el trabajo de toda esta comunidad seguiremos construyéndolo. Esperamos que el próximo año esa construcción se desarrolle en un marco de completa presencialidad, por supuesto, sin negar los aprendizajes derivados de la pandemia. Es necesario aprovechar los aspectos más positivos de este periodo para fortalecer el desarrollo de nuestras funciones sustantivas.

Por ello, y sin el menor asomo de riesgo de caer en auto-complacencias, me atrevo a decir que la UTB y toda su comunidad académica y administrativa se encuentra preparada para seguir liderando la transformación de nuestra sociedad desde la educación.  

Muchas gracias.

viernes, 30 de julio de 2021

Talentos, genética y educación

El Universal, 30 de julio de 2021  (Enlace)

“Tres extraños idénticos”, un documental que vi recientemente en Netflix, trae a colación la clásica discusión entre naturaleza versus crianza: ¿quien somos depende de nuestros genes o realmente de la guía recibida de padres y allegados? La ciencia tiende a considerar que no existen disyuntivas entre genética y educación.

El audiovisual cuenta la historia de unos trillizos idénticos separados al nacer y educados en contextos diferentes. Muestra también que los genes tienen un papel crucial en las similitudes en su físico, ademanes y movimientos, algunos gustos y hasta en las enfermedades. Pero, por otra parte, la educación que cada uno recibió en hogares diferentes complementó y fortaleció sus capacidades intrínsecas.

Si asumimos que todas nuestras capacidades y competencias están preprogramadas en nuestros genes, nuestro sistema educativo aún tendría el desafío de potenciarlas. Caso contrario pasa con muchos jóvenes colombianos: sus talentos intrínsecos no siempre son acompañados de oportunidades. Esto se evidencia en las universidades, en especial, en el marco de la pandemia. Permítanme ilustrarlo con un ejemplo.

La mayoría de las universidades tenemos algún puntaje mínimo requerido en las pruebas del Icfes (Saber 11) para regular el ingreso a un programa académico. Por la pandemia, en 2020 la presentación del examen se atrasó y las universidades nos vimos en la necesidad de eliminar temporalmente ese requisito. En consecuencia, algunos estudiantes con puntajes bajos lograron ingresar a la UTB.

Luego de un semestre, el 20% de quienes ingresaron con puntajes por debajo del exigido, lograron superar todas las materias en su primer semestre y tuvieron un desempeño superior a la media universitaria. Aunque pasó “raspando”, la mayoría del grupo restante podrá continuar con normalidad su proceso formativo.

Sin este experimento la probabilidad de acceso de este grupo de jóvenes a una universidad de alta calidad habría sido casi nulo. Las universidades debemos saber que se desperdician talentos por la tendencia a homogeneizar los procesos de admisión y a estandarizar los modelos educativos. ¿Cuánto cuesta a la sociedad desaprovechar estos talentos?

Como en el caso de los trillizos, la familia, el contexto cultural y la educación pueden potenciar talentos innatos; para ello es necesario lograr acceso a educación, en especial a la de alta calidad. Las universidades deben identificar y atraer los talentos para darles el tratamiento más adecuado. Un mensaje poderoso de la pandemia es que podemos tomar esta oportunidad para replantear cómo hacemos las cosas.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Vicerrector Académico, UTB.

martes, 13 de julio de 2021

Educación superior en Latinoamérica en una economía post-COVID

El presente artículo analiza los posibles efectos del COVID-19 en el sistema de educación superior en América Latina, en el contexto de las funciones sustantivas de la educación superior. En él se describen los efectos económicos del COVID-19 en la región, se aborda la incidencia en la formación, investigación y extensión universitarias, así como aspectos relacionados con la internacionalización y con la sostenibilidad de las IES.


Disponible aquí.

jueves, 25 de febrero de 2021

Palabras de instalación, Casa Grande Caribe, Asegurar la Sostenibilidad Ambiental

Jueves 25 de Febrero de 2021

“Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y caña brava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.”   (Gabriel Garcia Marquez, Cien años de soledad)

Buenos días, quiero extender mis agradecimientos a Adolfo Meisel, nuestro coordinador general, Alberto Roa, Joachim Hahn, Lucía Avendaño, Veronica Trujillo, Tania Jimenez, Javier Campillo, Jaime Bonet, Maristella Madero, Raquel Bernal, Roger Goez y por supuesto a todos los participantes de esta agenda que hemos preparado para hoy, por sus contribuciones en la organización de este nuevo encuentro, dedicado a Asegurar la Sostenibilidad Ambiental.

Bienvenidos a la Casa Grande Caribe, ahora más amplia en cobertura gracias a las bondades de la virtualidad. Es menester recordar que esta iniciativa surgió como el resultado de la colaboración de más de 25 instituciones de la región. El 30 de noviembre de 2017 se dio apertura en Santa Marta con la Cumbre Caribe por la Inclusión y la Transformación Social.

Para el lanzamiento, hace algo más de tres años, abordamos los temas de educación, nutrición, salud, acueducto y alcantarillado y financiamiento y calidad del gasto. Los resultados están disponibles en un libro publicado por el Banco de la República y en el cual se sustenta la posibilidad de superar las principales brechas de la región para el 2030. Durante nuestra agenda del 2020 abordamos dos temas: el fortalecimiento de la democracia y el comercio exterior y la competencia. Este año 2021 iniciamos con la sostenibilidad ambiental y en algunos meses acogeremos una importante discusión sobre la calidad de los gobiernos locales.

La sostenibilidad ambiental, tema que nos convoca hoy, se encuentra estrechamente vinculada al propósito fundacional de la Casa Grande Caribe, erradicar la pobreza extrema. La relación entre pobreza y deterioro del medio ambiente es evidente en múltiples lugares del Caribe, como por ejemplo, en la zona Sur de la Ciénaga de la Virgen en Cartagena, donde podemos observar una alta pobreza y una alta vulnerabilidad socioambiental. En la Unidad Comunera de Gobierno 6, para referenciar un caso puntual, encontramos privaciones en el Índice de Pobreza Multidimencional IPM del 29% frente al 20% de la ciudad, y su ubicación geográfica en el borde urbano de la Ciénaga de la Virgen, así como sus condiciones de habitabilidad, la hacen una de las UCG más vulnerables a fenómenos climáticos como inundaciones, lo cual quedó en evidencia el mes de noviembre pasado con el paso de huracán IOTA. 

La agenda del evento de hoy ha sido estructurada en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODSs). Especialmente, abordaremos temáticas relacionadas con la Energía sostenible y no contaminante (ODS 7), las Ciudades y comunidades sostenibles (ODS 11), la Acción por el clima (ODS 13), la Vida submarina (ODS 14) y la Vida de ecosistemas terrestres (ODS 15). Estos temas serán abordados en dos conferencias y dos páneles de expertos durante toda la mañana de hoy.

No obstate, quisiera adicionar que, dado que este evento busca identificar acciones concretas para superar los retos que enfrenta nuestra región, hoy es un honor para mi anunciar en representación de las cuatro instituciones participantes del programa Palante Caribe, la Universidad de Los Andes, la Universidad del Norte, La Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad Tecnológica de Bolívar, la creación de la Cátedra Caribe. En el marco del programa Palante Caribe, hemos acordado la creación de esta Cátedra como un aporte de las cuatro instituciones desde la educación para asegurar la sostenibilidad ambiental.

La cátedra se piensa como un espacio de formación curricular para los jóvenes en el que se promueve una conciencia de las problemáticas económicas, sociales y ambientales de la región, así como de la riqueza cultural y ancestral, la diversidad y pluralismo, la geografía y la biodiversidad. La agénda de la Cátedra contará con la participación de expertos nacionales e internacionales que aportarán a las soluciones y propuestas para un desarrollo digno, justo y sostenible del Caribe.

Me gustaría cerrar esta instalación recordando un episodio descrito por Germán Arciniegas en su libro Bolívar y la Revolución. Cito, en 1757 “el Rey de Francia envió a Nikolaus Joseph von Jacquin, holandes, a estudiar las plantas del Caribe...quien llegó primero a Tolú, la capital granadina de la brujería, y a Turbaco. Luego llegaron Mutis y posteriormente Humboldt. Jacquin pasó bajo las frondas de un árbol llamado Macondo, y no lo vio. Fue descubierto por Mutis y Humboldt, quienes lo clasificaron, lo dibujaron y lo presentaron como la gran maravilla de Turbaco”. (German Arciniegas, Bolívar y la Revolución, Capítulo IX Pag. 169) 

En el Caribe y en Colombia en general, nos ha pasado como a Jaquin, la grandeza de nuestro Macondo nos ha impedido ver su imponente riqueza. Esperamos que este foro nos ayude a levantar la mirada, y aunque sea por un momento, podamos ver la abundancia que nos rodea y podamos usar lo mejor de nuestras habilidades y creatividad para encauzarnos en una ruta hacia un futuro sostenible.

Muchas gracias y bienvenidos.


jueves, 26 de noviembre de 2020

Mercado Cultural del Caribe 2020, Saludo de bienvenida

Noviembre 26 de 2020


Buenos días a todos:

Sofía Mata (Directora del Centro de Formación de la Cooperación Española) 

Rafael Ramos (Director del Mercado Cultural del Caribe)

Personas y representantes de las entidades que apoyan al Mercado Cultural del Caribe

Amigos, amigas, Señoras y señores,

Me genera mucha felicidad además de un gran orgullo y satisfacción el participar nuevamente de este sueño que año a año se pare, ve la luz, gracias a la tenacidad y obstinada abnegación de Rafa y todos los aliados de esta hermosa, productiva y necesaria causa, el Mercado Cultural del Caribe.

El mercado es un evento clave para la ciudad, clave para la región y clave para el país. Que dinamiza el sector cultural y construye redes de valor entre sus participantes. Como todos los años desde el 2011, nos sumamos a este evento con la organización de la franja académica desde el Laboratorio de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo de la Universidad Tecnológica de Bolívar. En esta versión 2020, la franja girará en torno a las Perspectivas de la creación, el trabajo y la gestión cultural en las industrias culturales y creativas. La Franja Académica es una agenda de reflexiones y propuestas en torno a los temas mas relevantes para la creación y las industrias culturales . 

Este espacio sirve no solo para conocer, discutir, construir y consolidar el mercado desde una sólida reflexión académica, sino para tejer las relaciones sobre las cuales las personas proyectan sus sueños, sus proyectos, su futuro. Es por ello que es imposible abstenerme de evocar y si fuera posible invocar, al gran tejedor, de sueños, de proyectos, de relaciones, el Wale’ Kerü mayor , la araña que tejió la red por la cual muchos de nosotros nos encontramos nuevamente hoy, bajo una tela invisible que nos conecta, Alberto Abello Vives.

Estoy seguro que desde su chinchorro tejido con su hilo de sueños caribeños, esta atento al avance y la consolidación del Mercado Cultural del Caribe y acompañándonos a disfrutar de esta nueva versión. 

Bienvenidos y muchas gracias por permitirnos hacer parte de esta iniciativa.  


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Fortalecer la democracia en presencia de corrupción y redes clientelares en la educación

Daniel Toro González*,**

Casa Grande Caribe

30 de septiembre de 2020

Buenos días, antes que todo quiero agradecer a esta Casa Grande Caribe por acogernos a todos. Además, agradecer especialmente el apoyo de Gabriela Méndez en la elaboración del presente documento.

La democracia se fortalece con ciudadanos más educados. Al menos empíricamente es una hipótesis que puede plantearse al relacionar el promedio de años de escolaridad por país con cualquiera de los índices existentes sobre calidad de la democracia (Rosling).

No obstante, y más allá de lo empírico, la relación ha sido abordada de manera recurrente en la literatura. El filósofo norteamericano John Dewey, en su libro Democracia y Educación plantea que “…la devoción de la democracia a la educación es un hecho familiar. Un gobierno soportado en sufragio popular no puede ser exitoso a menos que aquellos que eligen y obedecen a sus gobernantes sean educados. Dado que una sociedad democrática repudia el principio de autoridad externa, debe encontrar un substituto en la disposición voluntaria y el interés, y estos solo pueden ser creados por medio de la educación” (Dewey, 1916). 

El documento presentado hoy por Leopoldo Fergusson, escrito en coautoría con Arturo Harker, Carlos Molina y Juan Camilo Yamín (Fergusson, et al., 2020) aborda el complejo tema de la corrupción y aporta elementos empíricos que permiten inferir de manera razonable la existencia de redes clientelares en la política en Colombia. La estrategia empírica se fundamenta en un ejercicio de auditoría orientado a identificar estudiantes fantasmas en el sistema educativo. 

El principal hallazgo, es la existencia misma de un mayor número de estudiantes fantasma en aquellos municipios en los que hay una alineación política entre alcalde y gobernador. Con una mala noticia adicional, los incentivos no desaparecen, sino que por el contrario se fortalecen cuando hay mayor autonomía de los gobiernos locales (Fergusson, et al., 2018) (Page 11).

Lo especial con la corrupción en la educación, es que toca fibras muy sensibles, al robar los recursos que van dirigidos a los niños y jóvenes, y a construir un mejor futuro. En departamentos como Cesar, Atlántico, La Guajira, Bolívar, Córdoba, Magdalena, Amazonas, Valle del Cauca y Norte de Santander se han concentrado buena parte de las denuncias de irregularidades relacionadas con la gestión de los recursos de la educación (El Tiempo, 2012a, 2012b; El Heraldo, 2012; El Pilón, 2019; La FM, 2019). Hace pocos días (20 de septiembre 2020) fueron publicados audios que revelan cómo se les dio carne de burro y caballos enfermos a niños del PAE durante más de un año en Santander (El Tiempo, 2020 ). Esto es como todos sabemos, noticia en evolución.

Los anteriores son ejemplos que revelan la extensión de las redes clientelares y lo arraigado de estas prácticas corruptas en la estructura política del país. Citando a Abitbol, “Como una serpiente que se devora a sí misma, la corrupción no solo es una causa esencial de la ineficiencia de la administración pública, también es la principal consecuencia del quiebre del contrato social” (Abitbol, 2019)

De manera consistente con los resultados presentados por Fergusson, los obtenidos por Bonilla e Higuera muestran similitudes interesantes al señalar que “…los políticos aspirando a la Cámara de Representantes y a la Presidencia obtienen más votos en los municipios gobernados por alcaldes alineados con la coalición de gobierno”. No obstante, los autores no encuentran evidencia que permita inferir el efecto en las elecciones locales, “…lo que sugiere (entonces) que las mayores ventajas electorales son para los políticos de orden nacional…” y sus resultados permiten además resaltar, sin mucha sorpresa, que “la transferencia de recursos basada en motivaciones políticas no se refleja en impactos sobre el desarrollo económico local” (Bonilla-Mejía, et al., 2017).

Si bien el documento expuesto no aborda explícitamente las diferencias entre regiones, estas brechas existen y son parte del análisis que puede incorporarse a esta u otra agenda de investigación. En un ejercicio sencillo, usando los resultados de las pruebas Saber 11 más recientes (2019-2), se puede observar que solo por el hecho fortuito de residir en el Caribe, el desempeño de un estudiante en las pruebas es inferior al promedio nacional en aproximadamente 5%. Si además la residencia está ubicada en zona rural y asiste a un colegio oficial, el puntaje respecto de la media disminuye 9,7%. Si los padres del estudiante no cuentan con educación, o si no tiene acceso a libros, computador e internet, la diferencia se amplía al 28,8%. Si sucede además que el estudiante debe trabajar, el puntaje puede reducirse en promedio hasta 34,8%. Ningún terreno puede estar nivelado para la meritocracia contando con desventajas tan profundas derivadas de la lotería del nacimiento.

La existencia de estas brechas ha sido analizada recientemente y de manera dinámica por Meisel y Granger, quienes no solo las caracterizan, sino que encuentran evidencia de su ampliación en el tiempo. Meisel y Granger analizan la existencia de convergencia en los resultados de este indicador de la calidad del capital humano (pruebas Saber). En sus palabras “El análisis muestra un patrón de persistencia e, incluso, de crecimiento de las brechas en calidad educativa tanto a nivel municipal como departamental” (Meisel R., et al., 2019).

Específicamente, el caso identificado por Fergusson y sus coautores, permite ilustrar cómo una institución por naturaleza inclusiva puede transformarse en extractiva, afectando a toda la sociedad y generando un “quiebre del contrato social”. Y como lo señalan los autores, la respuesta no está, según los resultados, en una mayor descentralización ni autonomía, ni mucho menos en la privatización de la educación. La razón es clara, por ser una actividad con altas externalidades positivas para la sociedad, los mecanismos de mercado siempre ofrecerán una cantidad necesaria, aunque insuficiente, de allí la importancia de la oferta pública. 

En el documento recientemente publicado en la revista Games and Economic Behavior, titulado “Partners in crime” de Romain Ferrali (Ferrali, 2020), el autor recurre a una aproximación de redes para entender la corrupción. Nos indica cómo se forman este tipo de redes, y cómo dependen de la estructura de la organización donde ocurren. Se presenta una aproximación que, a diferencia de la tradicional aproximación de agente-principal, permite considerar cómo las estructuras organizacionales afectan la corrupción o cómo varios agentes corruptos pueden cooperar para formar redes criminales. 

Esta aproximación de redes a la corrupción aporta algunos detalles adicionales del problema y reitera algunos ya conocidos: (i) la corrupción surge en enclaves, por ejemplo, coaliciones que minimizan la exposición conjunta a testigos, (ii) cuando la organización está más conectada se puede incrementar la corrupción, y (iii) la corrupción implicará coaliciones más grandes bajo mejor vigilancia. Los resultados de Ferrali, además, sugieren que las organizaciones más jerárquicas son más corruptas que las organizaciones más horizontales. Los resultados también sugieren que hay una alta sensibilidad al rediseño de agencias públicas para enfocarse en el aislamiento de enclaves. Este análisis de Ferrali puede arrojar algunas luces para complementar la recomendación de Fergusson, Harker, Molina y Yamín, sobre “…mitigar los incentivos a la conformación de redes clientelares a través del diseño de esquemas de provisión y financiamiento, y construyendo instituciones de monitoreo efectivas”.

Antes de terminar con algunos elementos que considero importantes en el contexto de la presente discusión, quiero aportar tres comentarios puntuales al documento:

A pesar de incluir como variable la distancia de Bogotá, el documento carece de un enfoque regional, aspecto que puede ser incorporado para analizar las características específicas de las regiones e identificar particularidades que puedan ayudar al mejor diseño de políticas públicas. 

No es clara la posibilidad de que los resultados electorales no puedan ser manipulados dando una ventaja a candidatos con alianzas fuertes cuando los resultados de la consulta electoral son muy apretados. Esto violaría el principal supuesto de identificación del modelo y ameritaría, por lo tanto, una mayor discusión. Vale la pena señalar que la versión más reciente del documento incluye algunos ejercicios adicionales para validar empíricamente este supuesto.

La mejora del sistema educativo no depende ni mucho menos del 2% que al parecer representan los estudiantes fantasmas, sino de la capacidad de hacer valer el 98% restante y mejorar la eficiencia del gasto y aumentar las capacidades de recaudo local para depender menos del presupuesto nacional y avanzar de manera más acelerada en la acumulación de capital humano con calidad. 

Con los insumos provistos por Fergusson, Harker, Molina y Yamín y algunos otros mencionados en esta reflexión, entonces qué puede decirse sobre el fortalecimiento de la democracia en presencia de redes clientelares en la educación. A continuación, formularé algunos elementos indicativos que podrían ayudar a configurar una respuesta para esta interesante pregunta abordada por los autores.  

1. La educación tiene un papel prioritario como mecanismo de preservación de la cultura, de movilidad social y del fortalecimiento de las instituciones. La corrupción y las redes clientelares han contribuido al poco avance de la calidad en la educación en Colombia y en especial, en las regiones más rezagadas. No es posible fortalecer la democracia mientras las redes clientelares, la corrupción y otros factores, impidan avances sustantivos en la calidad de la educación. 

2. De la misma manera como las externalidades positivas en educación impulsan la oferta pública, el diseño de mecanismos que permitan el mejor funcionamiento del sector traería beneficios no solo en los resultados del sector educativo, sino en sus efectos en el resto de la sociedad, crecimiento económico, productividad, desarrollo social y en general, una democracia más sólida. A este respecto valdría la pena explorar los resultados de las unidades que al rededor del mundo se han implementado para aplicar políticas fundadas en la economía del comportamiento y sus posibles aplicaciones a este contexto.

3. Vale la pena recordar que en la versión inicial de Casa Grande Caribe, Bonilla y Martínez propusieron cuatro grandes ejes de intervención para fortalecer el sector educativo: educación preescolar, jornada única, docentes y fortalecimiento institucional. El principal mensaje es que se podría disponer de los recursos necesarios para cerrar las brechas al año 2030. 

4. Las regiones no pueden seguir el juego a las prácticas de corrupción y clientelismo nacionales, de lo contrario el ciclo de empobrecimiento se entronizará perpetuamente.

Sin duda alguna, el documento de Lepoldo Fergusson, Arturo Harker, Carlos Molina y Juan Camilo Yamín, hace una importante contribución a la comprensión del funcionamiento de las redes clientelares y la corrupción, lo cual por supuesto, alimenta el diseño de mejores políticas públicas y mejores instituciones. 

Es claro que resolver el problema asociado al 2% de los estudiantes fantasma matriculados, no va a fortalecer per se a esta institución. Además de la defensa a ultranza del incremento del gasto por estudiante, la discusión debe centrarse entonces en la correcta asignación y uso de dichos recursos, así como en las particularidades de contexto que hacen que ciertas regiones y municipios requieran mejores estrategias y un mayor acompañamiento para la mejora de los resultados obtenidos por los colegios. En definitiva, porque al fortalecer el sistema educativo, se fortalece la democracia.

Muchas gracias. 


* Comentarios al artículo Do ghosts exist? Clientelistic networks and corruption in public education de Leopoldo Fergusson, en coautoría con Arturo Harker, Carlos Molina y Juan Camilo Yamín (Fergusson, et al., 2020). Presentado en el segundo encuentro de Casa Grande Caribe, dedicado al fortalecimiento de la democracia.

** En colaboración con Gabriela Méndez, politóloga y estudiante del programa de economía de la UTB. El autor agradece los comentarios de Haroldo Calvo Stevenson, Aaron Espinosa, Pablo Abitbol, Jaime Bonet, Maristella Madero, Julio Alandete, Deicy Moreno.


Bibliography

Do ghosts exist? Clientelistic networks and corruption in public education [Journal] / auth. Fergusson Leopoldo, Harker Arturo and Molina Carlos // World Bank Pulbic Docs. - 2018. - pp. -.

Gapminder [Online] / auth. Rosling Hans. - 2020. - https://www.gapminder.org/.

Democracy and Education [Book] / auth. Dewey John. - [s.l.] : Ozymandias Press. Kindle Edition. , 1916.

Notas sobre la Economía Política del Caribe Colombiano = Documentos de Trabajo Sobre Econom´ıa Regional y Urbana / auth. Bonilla-Mejía Leonardo and Higuera-Mendieta Iván. - 2018.

El Universal [Online] / auth. Abitbol Pablo. - noviembre 22, 2019. - septiembre 23, 2020. - https://www.eluniversal.com.co/opinion/columna/una-oportunidad-para-cartagena-NC2040395.

Political Alignment in the Time of Weak Parties: Electoral Advantages and Subnational Transfers in Colombia [Journal] / auth. Bonilla-Mejía Leonardo and Higuera-Mendieta Iván // Documentos de Trabajo sobre Econom´ıa Regional y Urbana. - 2017. - p. 260.

¿Atrapados en la periferia? Brechas de calidad en la educación en Colombia: Pruebas Saber 11 (2000-2018) [Journal] / auth. Meisel R. Adolfo and Granger Angela. - Documentos Departamento de Economía : Universidad del Norte, 2019. - No. 36..

Partners in crime? Corruption as a criminal network [Journal] / auth. Ferrali Romain. - [s.l.] : Games and Economic Behavior, 2020. - 319-353 : Vol. 124.

Do ghosts exist? Clientelistic networks and corruption in public education [Journal] / auth. Fergusson Leopoldo [et al.]. - 2020. - Vol. January.

El Tiempo [Online] / auth. El Tiempo // Los audios que revelan cómo se les dio carne de burro a niños del PAE. - septiembre 24, 2020 . - septiembre 25, 2020. - https://www.eltiempo.com/colombia/santander/carne-de-burro-a-estudiantes-de-bucaramanga-y-escandalos-del-pae-538774.